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Nos extinguimos o transitamos a otros estilos de vida

Mirna Ambrosio Montoya - Construyendo Con-Ciencia

2020/06/15 - 11:47

Hace poco más de una década Edgar Morin introdujo la teoría de la complejidad, también conocida como teoría del pensamiento sistémico, a las disciplinas científicas y contextos epistemológicos; esta forma de pensamiento ha sustituido el paradigma de la simplicidad por el de la complejidad.  Explico esto puesto que a las generaciones mayores nos educaron y nos enseñaron a analizar el mundo, las organizaciones, los problemas, etc.  con un método analítico que consiste en razonar un todo por partes; es decir, a aislar los elementos (y las variables) para examinarlos por separado. Se dice que la ciencia aspiraba a un conocimiento universal y se le denominó mecanicista, mientras que con la ciencia de la complejidad se aspira al conocimiento de la diversidad y lo particular.

Con este nuevo paradigma de la ciencia, analizar los sistemas nos permite observar, razonar e identificar las relaciones entre los elementos, las variables y las diferentes escalas del sistema en estudio y comprender que los sistemas no son lineales, es decir que no solo son la suma de sus partes y que no son sistemas cerrados, sino que interactúan con el exterior. Esta teoría de la complejidad es la que ha permitido comprender los problemas globales, como el cambio climático, la economía mundial y problemas de salud como la pandemia de coronavirus, entre otros.

Quise iniciar con una breve introducción para poder abordar el tema que hoy comparto y que podamos hacer una reflexión mas profunda, que nos permita vislumbrar alternativas y oportunidades de transición hacia diferentes estilos de vida, como se viene diciendo a un estilo postcovid.

La pandemia nos ha hecho darnos cuenta que nuestro mundo tiene esencia sistémica, que la salud humana, la de los animales y la del planeta, están estrechamente relacionadas. Que el modelo de desarrollo capitalista nos condujo a relacionarnos con la naturaleza como proveedora de recursos infinitos y que en estos momentos es urgente repensar el futuro de la humanidad.

La agroecología como ciencia con enfoque sistémico, es de gran utilidad para comprender la relación entre la agricultura y la salud, que además demuestra que la forma de practicar la agricultura industrial ha generado erosión de suelos, contaminación de mantos freáticos, disminución de biodiversidad rompiendo con ello el equilibrio ecológico, lo cual representa riesgos y daños a la salud humana y la del planeta. 

Los monocultivos de la agricultura industrial actualmente ocupan cerda del 80% de las tierras arables en el mundo, carecen de biodiversidad lo cual los hace vulnerables a plagas y enfermedades, por lo que para su control se utilizan alrededor de 2300 millones de agroquímicos al año, lo que causa daños ambientales y a la salud. De acuerdo con Miguel Altieri, considerado uno de los padres de la agroecología,  en Estados Unidos se destinan 10 mil millones de dólares al año para salud pública, esto sin considerar los costos asociados a los efectos tóxicos agudos y/o crónicos que causan los pesticidas a través de los residuos en los alimentos. 

Si analizamos la ganadería industrial, es impactante la cantidad de productos químicos utilizados como antibióticos y estimulantes de crecimiento, que son costosos, contaminantes y que además han provocado que los humanos desarrollemos resistencia de cepas patógenas a medicamentos contra bacterias como Escherichia coli que produce una poderosa toxina que daña el recubrimiento del intestino delgado, lo que puede causar diarrea con sangre, Pseudomona aeruginosa que suele causar neumonías, bronquitis o sinusitis; Staphylococcus aureus que causa infecciones de la piel y de los tejidos blandos, neumonía, endocarditis u osteomielitis, intoxicación por alimentos,  y Salmonella sp. que producen salmonelosis, tifoidea o diarreas. 

Si a lo anterior agregamos que a medida que avanza la agricultura y la ganadería, se van deforestando las grandes barreras de patógenos, puesto que las áreas forestales y su ecología (relaciones y funciones de ecosistemas evolucionados por miles de años) son las encargadas de controlarlos; esto provoca la liberación de patógenos que son la gran amenaza de la humanidad.

La pandemia también nos permite ver la fragilidad de los sistemas agroalimentarios globales, ya que debido a las restricciones impuestas por los gobiernos en transporte y el comercio, se evidencia la dependencia de alimentos de grandes regiones del planeta, ya que muchas ciudades se están viendo con limitaciones en cuanto al acceso a alimentos, lo que afecta a los sectores más empobrecidos. Todo esto nos muestra que el sistema alimentario es insostenible y vulnerable a factores externos como desastres naturales y pandemias.

Ante esta crisis global, la agroecología es la alternativa para transitar hacia una agricultura que proporcione beneficios a las familias rurales, en el aspecto social, económico y ambiental, que además tenga la capacidad para alimentar a las poblaciones urbanas de manera equitativa y sostenible. 

Como estudiosa de la agroecología, desde que empecé a escribir en El Chiltepin, he venido abordando el tema y mencionando lo importante que es promover sistemas alimentarios locales, para garantizar la producción de alimentos saludables y asequibles a la creciente población humana.

Producir frutas, verduras y algunos animales en la ciudad, también se puede mejorar si se utilizan los principios agroecológicos y con ello se contribuye a la provisión de alimentos y a una buena nutrición de las familias a nivel local. A medida que reconozcamos que contar con alimentos en tiempos de crisis es vital y que producirlos localmente es estratégico la agroecología y la agricultura urbana se expandirá. Además, es sumamente importante que consideremos el consumo de alimentos nutritivos de origen vegetal y animal producidos en fincas agroecológicas locales, puesto que no solo nos ayudará a fortalecer el sistema inmunológico para resistir a la amenaza de los virus como el covid-19, sino que estaremos apoyando la economía local.  

Es momento de hacer profundas reflexiones sobre el crecimiento económico ilimitado, que junto a otras falsas certezas son como un espejismo. Es momento de romper paradigmas. Estamos en un punto crítico como humanidad que nos puede llevar a la transformación de una nueva cultura, más participativa, más justa y ecológica.

Depende de nosotros angustiarnos por la crisis o tomar el punto crítico como una oportunidad de reinventarnos como humanidad.

Si ya iniciaste tu huerto o tienes la intención de iniciar y necesitas asesoría puedes contactarme en la página Facebook del huerto agroecológico colectivo Flor de Mayo.

 

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