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¡Sin feminismo no hay agroecología!
Mirna Ambrosio Montoya - Construyendo Con-Ciencia
2020/03/08 - 21:29
“La agroecología busca producir alimentos sanos al mismo tiempo que cuida al ambiente y valoriza el trabajo de las familias productoras.
Las mujeres participamos en la agroecología desde el campo, la academia y el activismo. Desafortunadamente muchas veces nuestro trabajo no es reconocido y hasta es despreciado. Es por ello que, en el 2013, un grupo de mujeres agroecólogas formamos la Alianza de Mujeres en Agroecología con el objetivo de buscar estrategias para trabajar juntas y lograr la visibilización de nuestro trabajo, contribuir a la formación de las futuras generaciones de agroecólogas y hacer alianzas con mujeres vinculadas en la producción agroecológica.
Estamos convencidas de que sin la participación activa de las mujeres en la agroecología y sin espacios seguros para que éste sea realizado, la sociedad entera perderá. Con este encuentro esperamos dar a conocer parte del trabajo que hacemos y buscar alianzas con colectivos feministas para el avance de la agroecología como ciencia, práctica y movimiento en la construcción de un mundo más sano y justo.
El 6 de marzo, 18 mujeres que trabajan en agroecología, provenientes de México, Guatemala, Canarias, Puerto Rico, Estados Unidos, Finlandia y Argentina, convocamos al encuentro Mujeres por la agroecología y la soberanía alimentaria para compartir e intercambiar con la ciudadanía de San Cristóbal de Las Casas lo que hacemos y cómo trabajamos con mujeres campesinas y procesadoras de alimentos, familias campesinas, así como con colectivos y comunidades, donde se involucran hombres y mujeres de todas las edades…” (introducción del comunicado de prensa de la Alianza de las Mujeres en Agroecología AMA-AWA sobre el simposium que organizó el 6 de marzo y nuestra participación en el Primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan del 8 al 10 de marzo de 2018, en el Caracol de Morelia, ‘Torbellino de nuestras palabras’)
De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (FAO) las mujeres han jugado un rol muy importante históricamente, en los sistemas agroalimentarios de América Latina, puesto que participan en diferentes eslabones de la cadena de producción, desde el cultivo, transformación y comercialización de alimentos, en una situación de desigualdad socioeconómica. Como expliqué en un artículo anterior, la sociedad de un punto geográfico determinado depende del funcionamiento del sistema agroalimentario, el cual es muy complejo pues está compuesto por subsistemas, por lo que se puede analizar desde diferentes escalas y perspectivas.
En esta ocasión nos ubicamos en la escala rural, lo decimos así en general cuando en realidad podríamos estar pensando en el ámbito de la finca o la parcela, a partir del sitio en que las mujeres se invisibilizan a pesar de ser las que realizan gran parte de las actividades en dichos agroecosistemas junto con el trabajo doméstico y de cuidado de los hogares, que no es remunerado.
Es en estos lugares donde las mujeres dedican tiempo y esfuerzo físico como plantar, deshierbar y cosechar. Pese a lo anterior, poco participan en las actividades representan mayores ingresos como es la comercialización de alta competitividad y si participan poco o nada les corresponde de las ganancias generadas.
Para mejorar estas condiciones, la FAO propone que las mujeres deberían ser consideradas en los sistemas agroalimentarios a nivel local y nacional a través de la integración del enfoque de género en las políticas públicas, ya que permitiría optimizar la competitividad en el mercado, donde las mujeres pueden ofrecer sus productos sin intermediarios. Lo cual, a su vez, mejoraría las condiciones de vida de las mujeres y el funcionamiento de los sistemas agroalimentarios para conducirse a la sustentabilidad. Como respuesta a las propuestas de la FAO las políticas publicas nacionales plantean una serie de estrategias para considerar a las mujeres, sin embargo, desde la perspectiva con la que frecuentemente se describe la realidad de las mujeres no se considera que es consecuencia de la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, sino que es vista como una complementariedad de roles y tareas entre los sexos y las generaciones.
Así vemos que, los análisis sobre la agricultura familiar, se centran principalmente en la necesidad de garantizar la sobrevivencia de quienes integran la familia, en como se reproduce el modo de vida y como se conducen al desarrollo y hacia una política hegemónica. Es recientemente que el feminismo comunitario, una corriente del feminismo que surgió como alternativa dentro de las teorías y praxis feministas que se basan en estereotipos de mujer blanca, clase media, heterosexual, para dar lugar a un pensamiento vinculado a las culturas, que sirva como instrumento para reconocer la historia de la comunidad, del país donde se ubica dicha comunidad, con lo que se materializa la realidad que invisibiliza a la mujer. Con ello se busca reconocer a la mujer de dichas comunidades, sus derechos colectivos, sus derechos individuales y su búsqueda de igualdad y equidad. Por tanto, el feminismo comunitario da representatividad a las mujeres que no se encuentran en el feminismo tradicional, mujeres campesinas e indígenas que viven en ambientes multiculturales y plurilingüísticos. Desde está perspectiva se desarrollan investigaciones en desarrollo rural, en donde se abordan temas acerca de las relaciones de poder (al interior de la familia y entre miembros de la comunidad) que definen la vida de cada persona en su condición de campesino o campesina. Es en este contexto en el que se cuestiona el rol de las mujeres como criadoras, transmisoras de cultura y guardianas de conocimientos ancestrales relacionados con la alimentación, aparte de sus actividades en la finca, la parcela o el predio y el cuidado de los niños.
Como agroecólogas nos preocupa la transmisión de valores y símbolos asociados a la soberanía alimentaria, es decir la relación que se pierde entre la alimentación y la salud, queremos visibilizar la importancia que tienen las mujeres en este tema, ya que ellas son quienes pueden brindar alternativas de vinculación al ambiente, de recuperación de identidad con el territorio, de conservación de la agrobiodiversidad, puesto que ellas no solo han sido las encargadas de la alimentación de la familia, tampoco son solamente transmisoras de valores, deben ser reconocidas como creadoras de tradiciones y cultura, así mismo pueden ser las generadoras de “nuevas tradiciones”.
Por ejemplo, las mujeres en la cocina han sido y siguen siendo las creadoras de culturas alimentarias en el mundo. Desde esta perspectiva la cocina se convierte en un laboratorio para la alquimia y la magia; ha sido y es el espacio para la creación de conocimiento, la gastronomía es el resultado de la memoria de todos los hallazgos de sabores, olores, colores y sensaciones de placer al paladar, que las mujeres han experimentado a través de la historia de cada una de las culturas en el mundo.
Otro ejemplo de esto son las parteras tradicionales, poseedoras de sabiduría y conocimientos sobre plantas medicinales y herbolaria, también podemos incluir aquí a las mujeres que son guardianas de semillas, de ríos y de bosques, ya que ellas ven el valor de los recursos en función del bienestar y salud de la familia y del planeta, mientras que los hombres los valoran únicamente como alternativa de ingresos económicos.
Ante esta situación el colectivo de la Vía Campesina (movimiento internacional que coordina organizaciones de campesinos, pequeños y medianos productores, mujeres rurales, comunidades indígenas, trabajadores agrícolas emigrantes, jóvenes y jornaleros sin tierra) destaca que “No es posible construir la lucha sin asumir la perspectiva del movimiento feminista, de construcción de nuevos valores, nuevos seres humanos y el debate de la agroecología, de defensa de la tierra, del territorio. Estas cuestiones están vinculadas. En nuestra perspectiva de movimiento ese debate es conjunto”, de ahí que decimos:
sin feminismo no hay agroecología!!!
Como miembro de la Alianza de Mujeres en la Agroecología, mis pensamientos se agolpan y el corazón se me encoge al hacer la reflexión sobre quien el día de hoy ha pensado en las mujeres rurales, hoy 8 de marzo que decidimos participar en una marcha y gritar por las que ya no están…
Me pregunto el 9 de marzo, en la huelga, cuántas mujeres en el campo dejaran de participar en las labores agrícolas, domésticas y de cuidado de la familia, quienes gritaran por ellas consignas de apoyo para hacerlas visibles en la lucha feminista.
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