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El huerto en los tiempos del COVID-19

Mirna Ambrosio Montoya - Construyendo Con-Ciencia

2020/04/06 - 11:07

"Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos. No se les permitía comer ni beber nada durante su estancia, pues no había duda de que la enfermedad sólo se transmitía por la boca, y todas las cosas de comer y de beber estaban contaminadas por el insomnio. En esa forma se mantuvo la peste circunscrita al perímetro de la población. Tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir" El amor en los tiempos del cólera/García Márquez.

Tres organizaciones multilaterales encargadas de alimentación, comercio y salud (FAO, OMC y OMS) advierten sobre el riesgo de una crisis alimentaria provocada por la pandemia del nuevo coronavirus. Por lo que es momento de empezar a buscar las alternativas para que la vida sea diferente, para que dejemos de depender de la producción de otros países. Para que empecemos por valorar lo que se produce localmente. Tenemos la oportunidad para organizar nuestro modo de vida y recuperar la soberanía alimentaria, de tal manera que en adelante nadie se tenga que preocupar por los eventos globales que impactan directamente al modelo económico globalizado y que quienes resultan más afectados sean los pequeños productores locales.

Se sabe que cerca del 70% de la producción de alimentos, a nivel mundial, se origina en la agricultura familiar, es decir nuestra alimentación está en manos de los pequeños agricultores, quienes en estos momentos, debido a las medidas tomadas por los estados para contener la pandemia del coronavirus, resultan afectados, pues si antes era difícil su situación económica debido al modelo de comercialización de sus productos, en estos momentos han quedado a merced de los “rescatistas de sus productos” y los mayoristas, personas oportunistas que acapara la producción y compran los productos a precios inferiores al valor real. 

Las medidas dispuestas, de confinamiento y cuarentena obligatoria, en algunos países de forma total, en donde además las disposiciones y horarios puntuales relacionados al abastecimiento de alimentos es estricto, hace más difícil la movilidad de los campesinos para comercializar sus cosechas. En este contexto no solo los campesinos se ven afectados, sino también los consumidores, quienes adquirimos los alimentos en supermercados o tiendas transnacionales a precios exageradamente altos.

Por tal motivo, es necesario que visibilicemos al sector que históricamente ha sido el más maltratado, invisibilizado y excluido, ya que es la pieza fundamental para garantizar la soberanía y seguridad alimentaria del país. Mujeres y hombres producen alimentos seguros, en cantidades suficientes para la población; sin embargo, nos han hecho creer que es la agroindustria quien sostiene la alimentación, debido a que el trabajo que siempre han hecho ha sido poco reconocido y mal pagado. Es por ello de gran importancia que en momentos de crisis fortalezcamos la economía local y valoremos el trabajo campesino ya que sin comida no podemos existir.

En estos momentos surgen preguntas como: ¿Qué hacer en este estado de emergencia alimentaria, en plena crisis del covecid 19? ¿cómo organizar la vida de tal modo que el trabajo recobre el ritmo y nadie tenga que preocuparse por las crisis provocadas por diversos motivos? ¿Cómo responder al inminente colapso del capitalismo?

Pues bien, la respuesta está en la agricultura familiar y la creación de huertos rurales y urbanos, mismos que han sido vistos como un acto de rebeldía y resistencia ante la voracidad del capitalismo; además, han sido de gran importancia para hacer evidente en la ciudad lo imprescindible que son las y los trabajador@s en el campo, además han sido útiles para valorar a las mujeres campesinas y al campesino como los actores principales y base de la economía. Sin productores no habría riqueza. Sin campesinos y campesinas no hay alimentos, sin alimentos no vivimos.

Así que en tiempos del COVID 19 empecemos por generar vínculos con la tierra, ya sea que tengamos un espacio propio, el de algún pariente, en un huerto comunitario o colectivo cercano. Así mismo es de vital importancia generar vínculos con nuestros vecinos, acompañemos a las personas al campo, aprendamos a plantar, a construir, a manejar los residuos orgánicos y juntos sanemos la naturaleza.

Aprendamos a plantar, no solamente una huerta, sino aprendamos sobre los cultivos locales, como es el maíz y sembremos y cuidemos árboles frutales nativos, leñosos y medicinales.

También es necesario que desarrollemos habilidades prácticas como cocinar y procesar alimentos de forma artesanal, sin conservadores químicos, saborizantes y colorantes artificiales, es momento de rescatar las recetas de cocina de las abuelas y cocineras tradicionales. Aprendamos a reparar maquinas, aparatos electrodomésticos y herramientas, aprendamos a realizar costuras, bordados, tejidos, enseñemos a los niños, a las personas amigas cercanas y vecinas.

Busquemos u organicemos grupos de apoyo mutuo, donde las personas cuiden unas de otras, elaboren productos de necesidad básica de forma colectiva, como productos naturales de higienes, remedios naturales como jarabes y tinturas de hierbas, germinados de semillas, conservas y fermentados.

Es momento de simplificar la vida, tengamos más espacio físico y procuremos mas tiempo para nosotros mismos, para la familia y amigos. Descubramos que hay muchas cosas que podemos hacer sin dinero, como caminar, hacer ejercicios al aire libre, artes manuales y corporales, dediquemos algo de tiempo a la jardinería, que la falta de patio no sea un impedimento pues cualquier espacio resulta útil para colocar unas bellas plantas ornamentales. 

La tarea más difícil que tenemos es la de arrancar la lógica de consumir mas y más y preferir los productos artesanales, que duren mucho, que sean de calidad y que estén hechos por pequeños productores, de negocios sociales y emprendimientos económicos solidarios. Revivamos la bonita costumbre de compartir e intercambiar, demos y recibamos regalos por el valor afectivo en lugar del valor financiero.

Es momento de cambiar, almacenar y multiplicar semillas, difundir semillas criollas, nativas no transgénicas, producidas por la agricultura popular, familiar. En tiempos de COVID19 hagamos huertos!!!!!

La vida puede ser mucho mejor después de está crisis, solo estamos en transición. ¡Tenemos la oportunidad de reinventarnos, aprovechémosla!

 

"Nuestra creatividad es el límite del sistema" 

Bill Mollison, co-creador de permacultura

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