Más claro ni el agua...
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Los ayuntamientos también reprueban.
Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad
2026/07/22 - 11:16
La reciente evaluación de los Planes Municipales de Desarrollo en Veracruz exhibió una realidad preocupante: 55 ayuntamientos fueron incapaces de cumplir con los requisitos mínimos para presentar el documento que, en teoría, debe marcar el rumbo de sus gobiernos durante los próximos cuatro años.
Y no estamos hablando de un simple trámite burocrático. Un Plan Municipal de Desarrollo es, literalmente, la hoja de ruta de un municipio. Ahí se establece cuáles son los problemas más urgentes, cuánto costará resolverlos, qué recursos se utilizarán y cómo se medirá si las acciones funcionan o no. En palabras simples, es el instrumento que convierte las promesas de campaña en acciones concretas.
el Plan Municipal de Desarrollo debe estar alineado con el Plan Veracruzano de Desarrollo y con las estrategias nacionales e internacionales en materia de desarrollo sostenible, para que las políticas públicas municipales sean congruentes con los objetivos estatales y federales. Una vez aprobado por el Congreso de Veracruz, se convierte en un instrumento de observancia obligatoria para el Ayuntamiento, por lo que las acciones de gobierno deben ajustarse a lo previsto en él.
Por eso resulta alarmante que decenas de administraciones municipales hayan sido señaladas por carecer de diagnósticos serios, no contar con información estadística, presentar estrategias mal estructuradas o, peor aún, no tener claridad sobre cuánto dinero ingresará a sus arcas ni cómo planean gastarlo.
Luego entonces, la pregunta obligatoria ¿cómo puede gobernar adecuadamente una autoridad que ni siquiera puede explicar con precisión cuáles son los problemas de su municipio o cuánto costará atenderlos?
Lo más preocupante es que no puede alegarse desconocimiento. Los ayuntamientos recibieron una guía metodológica, tuvieron acompañamiento técnico e incluso contaron con tiempo para corregir observaciones realizadas por la Secretaría de Fiscalización del Congreso antes del cierre de la fecha final. Aun así, 55 municipios no alcanzaron los estándares mínimos y algunos ni siquiera llegaron a la mitad de la puntuación requerida. Eso prende focos rojos.
Esto revela algo más profundo que un error administrativo: una preocupante falta de compromiso con la función pública. Algunos ayuntamientos contrataron despachos externos que se decían expertos y resultó que no lo eran y ese plan que se entregó muy cacareado terminó en la deshonrosa lista de los 55 reprobados. Y es que si quienes anhelan ser presidentes municipales entendieran que gobernar no consiste únicamente en inaugurar obras, tomarse fotografías o publicar mensajes en redes sociales, se lo plantearían dos veces cuando entendieran que gobernar exige planear, priorizar y administrar recursos públicos con responsabilidad. Repito, responsabilidad.
Y esta situación también pone sobre la mesa una discusión incómoda: la improvisación con la que muchos llegan a ocupar cargos de gobierno. En una época donde las campañas políticas suelen premiar la popularidad, la cercanía partidista o la capacidad de movilización electoral, queda en segundo plano algo fundamental: la preparación para administrar un municipio. Durante las campañas políticas las propuestas serias quedan sin audiencia, porque lo mediático, las dádivas, las fiestas y los rencores se imponen y termina gobernando el desconocimiento
Cuando un gobierno carece de planeación, las obras se vuelven ocurrencias, los recursos se dispersan, las prioridades cambian según la presión política del momento y las necesidades más urgentes terminan esperando. Sin un diagnóstico claro, es imposible saber si el problema principal es la falta de agua potable, la inseguridad, el rezago en infraestructura o la ausencia de oportunidades económicas. Sin indicadores, tampoco existe manera de evaluar si el gobierno está funcionando.
Resulta igualmente grave que varios municipios hayan omitido aspectos tan esenciales como la perspectiva de género, los derechos humanos, el desarrollo sostenible o la consulta ciudadana. Es decir, ni siquiera consideraron elementos que hoy forman parte de las obligaciones legales más básicas de cualquier administración pública municipal.
Por su puesto que la planeación no garantiza gobiernos exitosos, pero la ausencia de esas planeaciones casi siempre conduce al fracaso.
Los municipios son la autoridad más cercana a la ciudadanía. Son quienes reciben las quejas por las calles destruidas, la falta de agua, la basura acumulada o la inseguridad cotidiana. Por eso resulta inadmisible que algunos gobiernos municipales lleguen a ejercer recursos públicos sin haber demostrado la capacidad mínima para planear su destino.
Los 55 ayuntamientos observados todavía tienen la oportunidad de corregir el rumbo. Lo que difícilmente corregirán es la percepción que dejan: la de autoridades
que asumieron una enorme responsabilidad sin comprender plenamente lo que implica administrarla
Curioso es que eso no lo replican en sus redes sociales, ahí solo siguen ofreciendo espejitos que desvíen los reflectores para otro lado; que el pueblo no sepa que no llevamos rumbo, que desde el Congreso del Estado nos tienen en la mira, y que mejor se olviden de lo prometido en campaña; que mejor aplaudan y agradezcan la fiesta del pueblo, que mejor bailemos y disfrutemos lo votado.
Mi reconocimiento a los municipios que lograron la excelencia en sus planes.
AÑADIDURA:
“Panem et circense” Décimo Junio Juvenal.
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