¿Renuncia o renunciado?

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Nos consume lo que nos envuelve; así nada más.

Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad

2026/05/06 - 20:11

¿En qué momento dejamos de asombrarnos? ¿Cuándo lo grave empezó a parecernos normal y lo doloroso dejó de sacudirnos? No pasó de un día para otro. Fue poco a poco, como un cansancio que se acumula hasta que ya nada sorprende, ni siquiera lo que antes nos habría indignado.

La violencia está ahí, todos los días, pero muchas veces la sentimos lejos. Mientras no nos toque de frente, la vemos como algo ajeno. Nos acostumbramos a escuchar cifras, a pasar de largo, a seguir con la rutina. Y así, casi sin darnos cuenta, empezamos a aceptar lo que nunca debimos aceptar.

También dejamos de cuestionar a quienes están en el poder. Nos enteramos de relaciones, intereses o posibles abusos, y en lugar de exigir respuestas, lo asumimos como “parte de cómo son las cosas”.

A esto se suma algo que nos tiene cada vez más confundidos: en las redes sociales vivimos rodeados de información que no siempre es cierta. Noticias exageradas, falsas, hechas para llamar la atención. Imágenes creadas con inteligencia artificial que parecen reales. Historias que venden una vida que no existe. Todo eso mezclado y sin darnos cuenta lo consumimos diariamente.

En medio de eso, la narco cultura encuentra espacio, sobre todo en quienes buscan “ser alguien” rápido, sin importar cómo. Se vuelve aspiración lo que en el fondo debería preocuparnos. Y así, poco a poco, se va distorsionando lo que entendemos por éxito, por respeto, por vida digna.

Pareciera que estamos cada vez más desconectados. Y no solo entre nosotros, también de lo que pasa en el país. Las propias autoridades, usan discursos que confrontan, que señalan y que separan sembrando divisionismo.

Mientras tanto, lo que consumimos no siempre es real, pero sí es lo que muchos quisieran vivir. Se vuelve más importante aparentar que construir algo verdadero. Y así donde para muchas personas la vida apenas alcanza para salir al día, pensar en el largo plazo parece un lujo. Se vive al día, se sobrevive, y eso también va apagando la esperanza.

Por eso es urgente recuperar algo básico: el criterio propio. Volver a preguntarnos, a dudar, a cuestionar todo lo que vemos. Volver a darle valor a la palabra, a lo que decimos y cumplimos. Al respeto por nuestros actos, a la responsabilidad que cada uno tiene con lo que hace.

Tal vez no hemos perdido del todo la capacidad de asombro. Tal vez solo está dormida. Y despertarla empieza por dejar de mirar hacia otro lado y volver a tomarnos en serio lo que somos y lo que podemos ser.

AÑADIDURA:

El que guarda su boca, guarda su alma. Prov 13:3

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