¿Renuncia o renunciado?

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Sembremos paz. Lo malo es que sobran fosas.

Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad

2026/04/22 - 10:45

En la Cumbre de Defensa de la Democracia celebrada recientemente en España, la presidenta lanzó una frase que suena bien en papel: “sembremos paz en lugar de odio”. Lastimosamente para millones de mexicanos, eso no es una realidad.

Allá del otro lado del mundo se habla de paz, aquí en México se sobrevive a la violencia. Los datos que se niegan a ver son tan duros como las cifras: decenas de muertos diarios por la inseguridad, comunidades enteras viviendo bajo el asedio del

crimen organizado, madres que buscan a sus desaparecidos con sus propias manos. Aquí, todos los días, no solo falta paz: sobra impunidad.

Decir “sembremos paz” desde lejos, sin reconocer lo que pasa en casa, se siente como una ofensa.

En un discurso estructurado mencionó y enumeró a personajes históricos que forman parte de lo ilustre de nuestro país. Pero, señora presidenta, la historia no debería

usarse a conveniencia. Nuestros héroes no son frases de apoyo para discursos

políticos, son referencia de lucha y principios que hoy, en muchos sentidos, parecen olvidados.

La llegada de Andrés Manuel López Obrador en 2018 a la presidencia fue un movimiento fuerte, con mucha esperanza detrás. A ocho años de promesas

incumplidas la realidad sigue siendo dura para la mayoría de los mexicanos: la pobreza no ha desaparecido y la violencia menos. Tampoco es cierto que, con el proyecto de quien exige llamarla presidenta con A, hayamos llegado todas las

mujeres. Hay desaparecidas, hay asesinadas, hay quienes siguen buscando justicia.

Tampoco es momento de querer rescatar a otros países cuando México tiene tantas heridas abiertas. Antes de hablar de paz en el mundo, habría que garantizarla en casa.

El problema de fondo es que no quieren reconocer lo que no ha funcionado. Se aferran a una narrativa que está lejos de la realidad que se vive en las calles.

Cuando ellos fueron oposición señalaban cuánto más hacía ruido y les servía de estandartes; hoy son omisos y callan ante sus negligencias. Queda evidente que lo

 

que tanto criticaron hoy lo repiten. Y nos dejan claro que no es que fuera malo por lo que alzaban la voz, es que no eran ellos los protagonistas.

Señora presidenta, la paz no se va a sembrar con una frase, se logrará asumiendo responsabilidades y tomando decisiones.

Quizá, señora presidenta, sea el momento de escuchar más a su país que sangra, que el aplauso complaciente de quien lo ve todo desde el privilegio.

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