¿Renuncia o renunciado?
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Estadios listos, país en riesgo.
Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad
2026/03/11 - 10:04
México volverá a ser sede mundial en este 2026. El Mundial regresará a nuestro país con estadios llenos, cámaras internacionales y millones de visitantes – al menos eso se espera-. Esta debería ser una oportunidad extraordinaria para mostrar y exaltar lo mejor de México: su cultura, su gente y su capacidad organizativa. Sin embargo, en la realidad que vivimos todos los días, hay una pregunta inevitable que nadie en el poder parece querer responder con honestidad: ¿qué México es el que se va a mostrar al mundo?
A pregunta expresa en la mañanera de una reportera sobre si había garantías para realizar el mundial en las sedes, la presidenta se limita a responder titubeante: “todas, todas las garantías” sin poder siquiera sustentar de qué condiciones hablaba, y con un nerviosismo visible culmina diciendo “no hay riesgo, ninguno”
Pero mientras se anuncian inversiones, remodelaciones y festividades alrededor del Mundial, la vida cotidiana del país cuenta otra historia. Una historia marcada por la violencia, por regiones enteras donde el crimen impone reglas y por una ciudadanía que ha aprendido a vivir con miedo. Negarlo o minimizarlo no cambia los hechos. La inseguridad no desaparece por narrativa, por más que nos quieran vender un país seguro.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por una estrategia que cada vez resulta más evidente: negar la dimensión del problema. Su narrativa oficial insiste en que la situación está bajo control, que los indicadores van mejorando y que las críticas son parte de una campaña política. Sin embargo, la percepción social —y los hechos recientes que la alimentan— van en sentido contrario.
Y el problema no es solo interno.
En un contexto donde México comparte la organización del Mundial con Estados Unidos y Canadá, la coordinación internacional debería ser una prioridad absoluta.
No solo por logística, sino por seguridad. Sin embargo, la relación con Estados Unidos atraviesa un momento tenso y errático. Las señales de distanciamiento son cada vez más visibles y el tono político tampoco ayuda.
Donald Trump, que vuelve a dominar el escenario político estadounidense, ha endurecido su discurso hacia México y particularmente hacia el gobierno federal. Su postura frente a la presidenta ha sido frontal, incluso despectiva en algunos momentos. Más allá de simpatías o rechazos, lo preocupante es que la relación bilateral parece moverse más por confrontación que por cooperación.
Y eso, en vísperas de un evento global compartido, no es peccata minuta. Un Mundial requiere coordinación en inteligencia, movilidad, seguridad y control fronterizo. Si la relación política continúa como un campo de batalla retórico, la cooperación real estará debilitada. Y cuando eso ocurre, quienes pagan el precio no son los gobiernos, sino los ciudadanos.
A esto se suma otro granito en el arriz que empieza a hacerse evidente: el aislamiento político de la presidenta. Con el paso de los meses, pareciera que el margen de aliados se reduce. Las tensiones con actores internacionales crecen y, dentro del propio país, el partido gobernante comienza a mostrar señales claras de desorden.
Morena, que durante años se presentó como un movimiento compacto y disciplinado, hoy luce cada vez más fragmentado. Las disputas internas, los liderazgos cruzados y las agendas personales empiezan a pesar más que el proyecto político. En muchos temas, el partido parece actuar sin dirección clara, sin estrategia común y, sobre todo, sin una cabeza que logre ordenar el rumbo.
Dicho de forma simple: Morena empieza a verse como un movimiento sin ton ni son.
Mientras tanto, el reloj corre hacia una inauguración anunciada con bombo y platillo. El Mundial llegará, los reflectores también y el mundo volverá a mirar a México. La pregunta es si para entonces el gobierno habrá decidido enfrentar la realidad o seguirá apostando por negarla.
Porque los estadios sin duda estarán llenos, las ceremonias serán espectaculares ylas transmisiones podrán mostrar la mejor cara del país. Pero si afuera el espectáculo de la violencia sigue siendo parte de la vida diaria, el problema no desaparecerá, estará ahí gritando cada “gol” para acallar los ruidos sonoros de las armas que no cesan.
Y entonces, una vez más, estaremos ante un circo romano, ellos poniendo el entretenimiento, y la ciudadanía la sangre. Y el león que dio el espectáculo seguirá rugiendo con todas sus fuerzas.
AÑADIDURA:
“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stefano)
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