¿Renuncia o renunciado?
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No hay motivos para protestar; el insulto de palacio.
Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad
2026/04/08 - 10:58
El paro de transportistas que aqueja al país es el último recurso de quienes han sido empujados al límite por un Estado que insiste en tener otros datos.
En México, mover mercancías se ha vuelto una actividad de alto riesgo. No por la competencia, no por el mercado, sino por la violencia y la indiferencia de quienes
deben garantizar la seguridad y el libre tránsito. El diésel sube, la gasolina asfixia, los peajes encarecen cada trayecto… pero nada pesa tanto como la incertidumbre de no volver. Hoy, un operador ya no solo calcula kilómetros y rutas en una aplicación de navegación gps, tristemente calcula probabilidades de asalto, de secuestro, de
desaparición.
Y aun así, desde el poder se insiste en que “no hay motivos para protestar”.
Esa frase dicha con todas sus letras por la presidenta Claudia Sheinbaum, no solo fue equivocada, es ofensiva.
Porque mientras se minimiza el problema, los transportistas enfrentan retenes del crimen organizado, extorsiones sistemáticas y rutas completas bajo control de grupos criminales. Mientras se niega la crisis, hay familias esperando a choferes que no regresan. Mientras se llama a la calma y al diálogo, un diálogo que no resuelve, el
país se desangra en sus carreteras. ¿Diálogo con quién y para qué, si la realidad sigue igual o peor?
Organizaciones como la Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) han sido claras: el sector no puede más. No hay condiciones de seguridad ni de rentabilidad. Y lejos de lo que sostiene en su mañanera la presidenta no es una demanda exacerbada por grupos políticos contrarios, es una exigencia de supervivencia de
quienes la padecen a diario.
Porque las cifras arrojan un aproximado de 40 trailers asaltados por día, es decir, cada hora al menos 2 trailers son víctimas de la delincuencia.
El problema no solo está en las carreteras.
El campo mexicano también está sitiado. El Frente Nacional para el Rescate del Campo ha advertido lo evidente: sembrar y transportar cosechas se ha convertido en
una actividad bajo amenaza constante. El crimen organizado no solo roba, controla territorios, impone cuotas y decide qué circula y qué no.
El resultado es devastador: alimentos que no llegan, pérdidas millonarias y
productores que, en muchos casos, prefieren abandonar la tierra antes que arriesgar la vida.
Y frente a esto, ¿qué ofrece el gobierno?
Decir que no hay motivos para protestar en un país donde el transporte y el campo están capturados por la inseguridad es negar la realidad que grita en sus consignas todo un país abandonado.
Este no es solo un conflicto sectorial. Es una alerta nacional.
Lo cierto es que cuando los transportistas paran, no solo se detienen los camiones: se detiene el abasto, se frena la economía y se exhibe la ingobernabilidad de un país que todo lo minimiza y niega.
Pero además, aunado a la inseguridad está el deplorable estado de las carreteras. México se está desgastando, kilómetro a kilómetro, en cada carretera sin vigilancia, en cada caseta convertida en trampa para asaltos, en cada ruta donde el Estado niega el peligro que acecha.
Grave es en sí el peligro y la inseguridad de los caminos, lo insultante es que desde el poder se insista en que NO HAY MOTIVOS PARA PROTESTAR.
Añadidura:
El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el señor. Prov. 16 G
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