¿Renuncia o renunciado?

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No es moda es memoria. Rumbo al 8M

Aby Méndez - Entre Gracia y Verdad

2026/03/04 - 09:12

Abigail Méndez.-Hay fechas que se conmemoran. Y hay fechas que confrontan. El 8 de marzo pertenece a las segundas. El 8M no es solo una postal morada ni una campaña publicitaria: es la evidencia de que algo sigue profundamente mal.

Cada año salimos a las calles porque cada año las cifras nos regresan al mismo punto: ser mujer en México sigue siendo un riesgo real. Desgraciadamente ser mujer implica aprender desde niñas a cuidarnos de todo y de todos. Implica enviar un mensaje de “llegué bien” como si fuera un protocolo de supervivencia. Implica vivir con una alerta que nunca se apaga, desafortunadamente incluso en casa porque muchas de las mujeres violentadas lo son ahí en donde debería ser su lugar seguro.

Y aun así, todavía hay quien se atreve a decir que exageramos.

Me asombra —y aún más me preocupa— la facilidad con la que algunas voces

descalifican el movimiento feminista. De feminazis no nos bajan. Les incomodan las pintas, pero no las desapariciones. Les molestan los gritos, pero no el silencio institucional. Señalan la forma, pero el fondo pareciera que les es cómodo. Como si la violencia fuera más tolerable que la protesta.

La lucha colectiva del 8M no nació del capricho. Nació del hartazgo. De madres que buscan a sus hijas. De hijas que no vieron a mamá regresar de trabajar. De mujeres que no encontraron justicia. Nació de una realidad que se sigue negando desde la comodidad de quienes no la viven.

Decir que “no es para tanto” es un privilegio. Decir que “no todos” es desviar la conversación. Aquí no se trata de señalar individuos, sino de cuestionar estructuras. Se trata de reconocer que la violencia feminicida continúa, que la impunidad persiste y que la desigualdad se reproduce en lo cotidiano.

El 8M no es una guerra de géneros; es una defensa de la vida. Es un recordatorio de que nuestros derechos no fueron concesiones, sino conquistas históricas. Es la afirmación de que la calle también nos pertenece.

Y si para que esto cambie se necesitan más voces, más pancartas, más consignas que retumben en las calles y en las conciencias, entonces que cuenten con la mía. Que cuenten con mi voz crítica frente a quienes prefieren minimizar antes que reconocer. Que cuenten con mi grito, no por moda, sino por convicción.

 

Mientras ser mujer siga siendo un peligro, el silencio no será opción para mí.

Y mientras la violencia continúe, el 8 de marzo no será una fecha simbólica: será un recordatorio urgente de que la lucha es colectiva, necesaria y, sobre todo, imparable.

Advertencia: No vamos a retroceder. Promesa: La violencia se va a derrumbar.

No estamos solas y no nos vamos a callar.

 

 

AÑADIDURA:

El pacto patriarcal no va a caer, lo vamos a derrumbar.

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