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La encrucijada

Emiliano Sesma - Póngale Fecha

2025/03/13 - 12:36

Emiliano Sesma.- La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo capítulo con los aranceles impuestos por Pekín el 10 de marzo de 2025 a productos agroalimentarios estadounidenses como maíz, trigo, soja y carnes, en respuesta a los gravámenes de Washington sobre bienes chinos. Al mismo tiempo, México, bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum, ha sorteado con éxito —al menos temporalmente— las amenazas arancelarias de Donald Trump, quien desde su regreso al poder ha presionado con un 25% a las exportaciones mexicanas. Estos eventos, aunque aparentemente desconectados, colocan a México en una posición delicada: como vecino y socio comercial de Estados Unidos, pero también como un país vulnerable a las repercusiones económicas de una escalada global. Las respuestas de China y Sheinbaum no solo reflejan estrategias nacionales, sino que dibujan el mapa de los desafíos y oportunidades que México enfrenta en este tablero de ajedrez económico.

 

La decisión de China de imponer aranceles del 10% y 15% a productos agrícolas estadounidenses no es un simple acto de represalia; es un golpe quirúrgico al corazón económico y político de Donald Trump. Los agricultores del Midwest, una base clave de su apoyo, ya enfrentan años de declive en las exportaciones a China, desplazados por competidores como Brasil, Ucrania y Australia. En 2024, por ejemplo, Estados Unidos apenas cubrió el 14.5% del maíz importado por China, frente al dominio de Brasil. La soja, otro pilar del comercio agrícola, vio caer su cuota estadounidense al 21%, mientras Brasil se alza con un 71%. Estos aranceles acelerarán esta tendencia, dejando excedentes en Estados Unidos que podrían deprimir precios y aumentar la presión sobre Trump para subsidiar a sus productores.

 

Para México, esta dinámica tiene implicaciones profundas. Como integrante del T-MEC, nuestro país es un proveedor clave de maíz y carne a Estados Unidos, pero también compite con Brasil y otros en el mercado global. Si los excedentes estadounidenses buscan nuevos destinos, México podría enfrentar una inundación de productos agrícolas baratos, afectando a nuestros propios productores, especialmente en un momento en que Sheinbaum impulsa la autosuficiencia alimentaria como pilar del "Plan México". Por otro lado, la diversificación de China abre oportunidades: si México logra posicionarse como proveedor alternativo de granos o carne al gigante asiático, podría mitigar el impacto de las tensiones con su vecino del norte.

 

Mientras China juega sus cartas, México ha evadido —por ahora— el embate arancelario de Trump. La presidenta Sheinbaum transformó una amenaza en una victoria política con su manejo de las negociaciones. Frente a la imposición del 25% a las exportaciones mexicanas, efectiva desde el 4 de marzo tras meses de advertencias, Sheinbaum respondió con una mezcla de firmeza y pragmatismo. Su carta de noviembre de 2024 y la llamada del 6 de marzo con Trump lograron suspender los aranceles hasta abril, demostrando que el diálogo respetuoso puede desarmar incluso las posturas más beligerantes. El "Arancel-Fest" del 9 de marzo en el Zócalo no fue solo una celebración; fue una declaración de soberanía y unidad nacional.

 

Sin embargo, esta tregua es frágil. Trump condicionó la suspensión a resultados en migración y fentanilo, temas que México no controla unilateralmente. Si las tensiones resurgen, los aranceles del 25% golpearían sectores clave como la industria automotriz (con empresas como Ford y General Motors en juego) y las exportaciones agrícolas, que representan el 80% del comercio bilateral. Más aún, una guerra comercial prolongada entre Estados Unidos y China podría reducir la demanda estadounidense de bienes mexicanos, encareciendo nuestras importaciones de granos y energía en un contexto de inflación global.

 

México está atrapado entre dos fuegos. Por un lado, la guerra arancelaria chino-estadounidense podría beneficiar a nuestra industria si lográramos captar parte del mercado que Estados Unidos pierde en China. Pero esto requeriría una agilidad comercial que aún no hemos consolidado: Brasil y otros ya llevan ventaja. Por otro lado, si Trump reactiva sus aranceles, las cadenas de suministro del T-MEC se fracturarían, afectando empleos y aumentando costos para los consumidores mexicanos. Por lo que la invitación al lector es para que le ponga fecha a la encrucijada en la que se encuentra nuestro país ante la inminente guerra comercial y arancelarias de las grandes potencias mundiales, así como la respuesta que tendrá nuestra presidenta Claudia Sheinbaum.

 

 

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