Lucha de egos...
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¿Desaparecer la CEAPP o rescatarla?
Eleaney Sesma - Diacrónico
2026/06/17 - 10:35
Hoy escribo desde una mesa de Buenos DyAS, frente a mí hay una taza de café negro y afuera, las nubes cubren el cielo de Misantla y anuncian otra jornada de lluvia. Dentro del restaurante, el aroma de los desayunos recién preparados se mezcla con las conversaciones de quienes comienzan su día. Todo parece transcurrir con normalidad, sin embargo, afuera los periodistas siguen muriendo.
Hace algunos meses, durante su comparecencia ante el Congreso del Estado, el presidente de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas, Luis Orencio Ramírez Baqueiro, definió al periodismo como una vocación agotadora y mal pagada. Dijo que muchos periodistas venden productos, emprenden pequeños negocios y hasta venden mole los domingos para completar el gasto.
La frase provocó sonrisas, comentarios y hasta algunas críticas. Pero más allá de la anécdota, contenía una verdad incómoda. Muchos periodistas veracruzanos sobreviven gracias a una doble o triple jornada laboral. Venden publicidad, administran páginas digitales, realizan transmisiones en vivo, trabajan para varios medios de comunicación o emprenden pequeños negocios familiares para sostener a sus hogares.
Y debo reconocerlo, yo estoy escribiendo estas líneas desde Buenos DyAS, un proyecto que nació del trabajo, de la necesidad de emprender y de la convicción de que siempre es posible construir nuevas oportunidades. Como muchos compañeros periodistas, he aprendido que informar y sobrevivir suelen ser dos retos que se enfrentan al mismo tiempo.
Lo que debería preocuparnos es otra realidad, que mientras hablamos de presupuestos, informes de actividades, capacitaciones, estadísticas y comparecencias, afuera los periodistas siguen muriendo. La discusión pública en Veracruz se ha concentrado durante las últimas semanas en el futuro de la Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas. Hay quienes consideran que el organismo ya cumplió su ciclo y debe desaparecer. Otros sostienen que necesita fortalecerse y recuperar la confianza del gremio.
Ambas posturas tienen argumentos válidos. La CEAPP fue creada en 2012, durante uno de los momentos más oscuros para la libertad de expresión en Veracruz. Su nacimiento respondió a una exigencia legítima de protección para quienes ejercen la labor periodística en un estado marcado por la violencia y la impunidad. También es cierto que a lo largo de estos años, y en el periodo del 2021 al 2024, el organismo brindó apoyos, medidas de protección, capacitación y acompañamiento a numerosos periodistas y a sus familias.
Pero igualmente es cierto que las agresiones continúan, los asesinatos y las amenazas para algunos compañeros han sido el día a día. El miedo sigue acompañando a muchos reporteros en distintas regiones del estado. Por eso me parece que el debate no debe centrarse únicamente en si la CEAPP permanece o desaparece.
La pregunta de fondo es mucho más profunda. ¿Nos sentimos hoy más seguros los periodistas veracruzanos que hace trece años? Porque una institución puede cumplir metas administrativas, presentar informes impecables y ejercer su presupuesto conforme a la norma. Sin embargo, si los periodistas continúan siendo asesinados, perseguidos o amenazados, resulta inevitable preguntarse qué es lo que todavía no está funcionando.
No se trata de descalificar a personas ni de alimentar disputas políticas, se trata de reconocer una realidad. Cada periodista asesinado deja una silla vacía en una redacción, una familia rota y una historia que ya no podrá contarse. Cada agresión representa una herida para la libertad de expresión, a propósito del siete de junio…
Mientras termino mi café, me llagan recuerdos de hace 26 años, cuando el Chiltepín nació, pienso en los periodistas que narrábamos las historias de esos años y de cómo fuimos construyendo en esta zona, un periodismo regional, y que en el ir y venir de esos años, cubrir campañas y reportear -no solo en la calle o en el evento, sino en la montaña- nos hizo resistentes, pero también soñadores.
Hoy el Chiltepin camina ya a su 26 aniversario y muchas son las historias que se han redactado en sus páginas, y en la vida de quienes hemos hecho posible que la información llegara a la mano de nuestros lectores, y hoy que los medios digitales han ido desplazando a los impresos, el Chiltepín se ha mutado, resistiendo y dando paso a una nueva generación.
Sin embargo, no dejo de pensar en las familias que pierden a un periodista, y que cargarán esa ausencia durante toda la vida. Por eso, antes de discutir si una institución debe desaparecer o mantenerse, quizá deberíamos responder una pregunta mucho más urgente. ¿Qué estamos haciendo para que los periodistas escriban sin miedo?
La discusión no debería centrarse en si la CEAPP desaparece o permanece. La verdadera discusión es por qué, trece años después de su creación, los periodistas siguen sintiendo miedo, siguen trabajando en la precariedad y, en algunos casos, siguen perdiendo la vida.
Le doy un trago al café ya frío, miro hacia afuera ... y de nuevo que convendrá al gremio ¿Desaparecer la CEAPP o rescatarla?
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