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Las mujeres que gobiernan contra la costumbre
Eleaney Sesma - Diacrónico
2026/05/20 - 10:32
Cuando veo los titulares de noticias, ahora en los periódicos digitales, me parece que las fotografías políticas de Veracruz, siguieran siendo las mismas que las del pasado: hombres al frente, hombres tomando decisiones, hombres levantando la mano en las plazas públicas. Y es que a pesar que la paridad de género se convirtió en ley y los partidos tuvieron que abrir espacios para las mujeres en las candidaturas 50/50, la verdadera prueba sigue ocurriendo el día de la elección, cuando la gente decide a quién entrega el poder.
El Distrito 12 local, con cabecera en Coatepec, es una muestra muy clara de ello. Está integrado por diez municipios: Acajete, Ayahualulco, Banderilla, Coatepec, Cosautlán de Carvajal, Ixhuacán de los Reyes, Rafael Lucio, Teocelo, Tlalnelhuayocan y Xico. De esos diez municipios, solamente cuatro son gobernados hoy por mujeres. En Acajete ganó María Claudia Nava Santos, de Movimiento Ciudadano; en Ayahualulco triunfó Claudia Liliana Castillo Pimentel, de Morena; en Teocelo gobierna Daniela Villegas Olmos, del Partido del Trabajo y en Tlalnelhuayocan volvió a ganar Arianna Ángeles Aguirre, del PRI.
Cuatro mujeres, seis hombres, la cifra parece pequeña, pero detrás de ella hay una realidad que pesa en muchas regiones de Veracruz. Las mujeres pueden aparecer en las boletas, pero no siempre son aceptadas por una sociedad acostumbrada a mirar el poder con rostro masculino.
Por eso pienso tanto en Arianna, la conocí hace más de quince años, cuando era apenas una joven dirigente municipal del PRI en Tlalnelhuayocan. Desde entonces recuerdo que hablaba con firmeza, pero también con cercanía; tenía esa extraña combinación entre carácter y sencillez que no se aprende en los libros, ni en ningún diplomado sobre políticas públicas. En esos años, no era fácil abrirse paso ahí.
Tlalnelhuayocan es un municipio profundamente tradicional, con una fuerte presencia indígena, con usos y costumbres muy arraigados. Aunque está prácticamente conurbado con Xalapa, conserva una identidad propia, serrana, comunitaria, donde durante mucho tiempo resultaba difícil imaginar a una mujer gobernando. Arianna lo intentó primero en 2010 y perdió, pero no se fue.
Se quedó caminando el territorio, regresando a las comunidades, tocando puertas, escuchando gente, construyendo liderazgo poco a poco, hasta ganar la alcaldía en 2014. Después vinieron otras responsabilidades: dirigente estatal del ONMPRI, secretaria general del PRI en Veracruz, diputada local por Coatepec y ahora, en una segunda oportunidad, volvió a conquistar la presidencia municipal para el periodo 2026-2029. No es casualidad.
Hace unos días, durante el aniversario 97 del PRI, la dirigencia estatal la reconoció como uno de los cuadros femeninos más importantes del partido en Veracruz. Más allá de las siglas, el reconocimiento habla de permanencia política, algo que muy pocos logran en estos tiempos donde la política suele ser fugaz y desechable.
El pasado domingo volví a Tlalnelhuayocan, después de muchos años sin ir, llegué a la explanada municipal y me encontré con ese paisaje hermoso de cerros y barrancas que abrazan al municipio. El aire era distinto, más fresco, más limpio, había familias enteras caminando hacia el centro para asistir al festival del Día de las Madres convocado por la alcaldesa.
La plaza se llenó con señoras mayores, niñas, jóvenes cargando bebés, hombres acompañando a sus esposas, comerciantes, vecinos. Ahí estaba también la familia de Arianna: su mamá, su abuelita, sus hermanos, todos conocidos en la vida pública del municipio y claramente queridos por mucha gente y apareció Arianna con esa sonrisa que la caracteriza.
Saludó de mano a una por una de las mujeres presentes, sin prisas, sin poses, después comenzó el festival y el comediante Celedonio arrancó carcajadas por todos lados. Pero mientras observaba aquella escena, pensaba: en cómo una mujer logró convertirse en referente político en un municipio donde hace algunos años todavía existía resistencia abierta a que una mujer gobernara.
Y si además le agregamos, porque hay que decirlo, en un país donde el PRI carga con un enorme desgaste nacional, la imagen de Arianna parece ir por encima de las siglas. Y eso solamente lo consiguen los liderazgos que logran conexión real con la gente, se construye con trabajo, con constancia, con oficio político y eso no ocurre de la noche a la mañana. Quizás por eso su historia vale la pena contarse.
Porque más allá de partidos y colores, sigue siendo significativo que una mujer haya logrado abrirse paso en un territorio tradicional, mantenerse vigente durante más de una década y volver a ganar en una época donde la política castiga rápido y olvida mucho más rápido.
Y mientras veía aquella explanada llena en el corazón de Tlalnelhuayocan, entendí que a veces el verdadero poder político no está en los discursos, sino en la capacidad de seguir siendo cercana a la gente, aun cuando pasan los años.
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