Te digo Juan para que lo entiendas Pedro...

Destacado:

Ninguna escuela quedará fuera del programa de mobiliario: Rocío Nahle García En el Congreso, firman acuerdos ediles de Camarón de Tejeda Ayuntamiento de Misantla e IVEA establecen bases para fortalecer acciones contra el rezago educativo y el analfabetismo. Jacobo Masegosa Llanas, supervisa rehabilitación de camino rural. Con alegría, tradición y gran participación ciudadana inician las Fiestas de San Juan Bautista 2026

Mientras rueda el balón

Eleaney Sesma - Diacrónico

2026/06/24 - 12:08

Hace unas horas conducía rumbo a Xalapa. En el camino comencé a notar algo curioso. En las gasolineras, camisetas verdes. En los puestos ambulantes, banderas de México. En las tiendas de autoservicio, promociones con balones de fútbol. En la radio, análisis deportivos. En los restaurantes, pantallas encendidas. En las conversaciones de la gente, un solo tema, el mundial.

De pronto parece que el país entero se puso de acuerdo para hablar de fútbol. México ganó sus dos primeros encuentros. Primero venció a Sudáfrica. Después a Corea del Sur. Ahora viene República Checa y las expectativas crecen. La ilusión se alimenta de cada pase acertado, de cada gol, de cada atajada y de cada triunfo que nos acerca a la siguiente ronda.

Y mientras manejo, no puedo evitar preguntarme cómo estará Guadalajara. No quiero ni imaginar la euforia que deben estar viviendo miles de aficionados que han convertido esta Copa del Mundo en una fiesta permanente. Las imágenes llegan por televisión y redes sociales: calles llenas de camisetas verdes, plazas abarrotadas, restaurantes ya sin mesas disponibles y personas en una fila interminable para entrar a ver el encuentro futbolístico, de mañana.

Amable lector, no puedo evitar pensar en algo que siempre me ha intrigado ¿Por qué sentimos como propias las victorias de once hombres que no conocemos? ¿Por qué el gol de un futbolista provoca lágrimas en personas que jamás han pisado una cancha profesional? Tal vez porque el fútbol ha logrado algo que pocas cosas consiguen en nuestros días: construir una identidad colectiva.

Cuando alguien grita "¡Gol!", no está celebrando únicamente una anotación, celebra una victoria que siente suya. El aficionado salta, abraza desconocidos, canta el himno y festeja como si hubiera participado en la batalla. A veces pienso que el gol es el equivalente moderno de los antiguos gritos de guerra. No porque exista un enemigo real, sino porque durante noventa minutos una multitud adopta una misma causa, una misma bandera y una misma ilusión, por unas horas dejamos de ser individuos para convertirnos en tribu y entonces ocurre algo extraordinario: los problemas desaparecen de la conversación pública.

El fútbol tiene esa extraña capacidad de hacernos sentir parte de algo mucho más grande que nosotros mismos. Le recuerdo querido lector, que mientras escribo esta columna, es martes 23 de junio y es muy entrada la noche; mañana que salga publicada en el impreso será el encuentro de México contra República Checa y me preocupa encontrar nuevamente oficinas semivacías en Xalapa, reuniones pospuestas y actividades suspendidas para seguir el partido.

Ya ocurrió durante la inauguración del Mundial, las escuelas modificaron horarios y las dependencias públicas ajustaron sus actividades. Ni que decir de las empresas privadas que hicieron pausas para que empleados y directivos pudieran reunirse frente a una pantalla, hasta el contador de este rotativo, dio el día libre a los que trabajan en su despacho …

Y no lo escribo necesariamente como crítica, lo digo con asombro. Porque resulta impresionante descubrir que en un país donde rara vez coincidimos en algo, todavía existe un balón capaz de unirnos. Durante unas horas dejamos de discutir sobre política y de hablar de la inflación. Se apagan temporalmente las discusiones sobre la inseguridad, los desaparecidos, la corrupción o la interminable confrontación que domina las redes sociales.

Por un momento, el país cambia de conversación, no desaparecen los problemas, siguen ahí. Las madres buscadoras continúan buscando y los comerciantes siguen preocupados por las ventas. Las familias siguen haciendo cuentas para llegar al final de la quincena, los hospitales continúan atendiendo pacientes. La realidad permanece exactamente en el mismo sitio.

Pero durante noventa minutos parece colocarse entre paréntesis, tal vez todos necesitamos un respiro de vez en cuando, una pausa o una excusa para emocionarnos colectivamente. Y es que las celebraciones de futbol nos han enseñado que más allá de ideologías, clases sociales o regiones, existen momentos capaces de reunir a millones de mexicanos frente a una misma ilusión, porque necesitamos esperanza, aunque sea prestada y venga envuelta en una camiseta verde.

Lo más impresionante es que detrás de la pasión existe una maquinaria económica gigantesca, el Mundial no es solamente deporte, es uno de los negocios más grandes del planeta, miles de millones de dólares giran alrededor de cada partido. Derechos de transmisión, patrocinadores, publicidad, apuestas, venta de uniformes, hospedajes, restaurantes, bebidas, transporte, souvenirs y campañas de marketing que comienzan años antes de que ruede el balón.

“El Mundial” no solo mueve pasiones, también mueve dinero, el fútbol ha conseguido convertir una pasión humana en una industria global y mientras eso ocurre en las cuentas bancarias de la FIFA, mañana, cuando el árbitro marque el inicio del partido contra República Checa, las conversaciones cambiarán de tema y el país entero volverá a mirar hacia una cancha, durante noventa minutos, mientras rueda el balón.

 

 

ENTRADAS ANTERIORES

EL CHILTEPIN TV

CHILTEPIN IMPRESO

LO ULTIMO