Ni en sus mejores sueños...
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Cuando la música se niega a desaparecer
Chiltepín - Extracto de Chiltepín
2026/08/26 - 10:13
La noche del pasado sábado, la Orquesta Filarmónica de Misantla llegó a la Sala Emilio Carballido del Teatro del Estado, en Xalapa, y prácticamente llenó el recinto. Cerca de mil personas acudieron a escuchar a nuestros jóvenes músicos interpretar a Cri-Cri y Juan Gabriel. Pero detrás de esa noche de aplausos existe una historia que merece ser contada.
La orquesta nació en 2013 con apenas nueve niños. Más de una década después, aquel pequeño proyecto se convirtió en una agrupación que ha llevado el nombre de Misantla a escenarios de Veracruz, Guanajuato, Quintana Roo, la Ciudad de México y ahora al Teatro del Estado y en ese camino también hubo momentos difíciles.
El año pasado, durante la recta final de la administración municipal de Javier Hernández Candanedo, la Orquesta Juvenil de Misantla enfrentó una fuerte reducción en el respaldo económico. El propio exalcalde explicó entonces que el apoyo mensual había pasado de 50 mil pesos durante los primeros dos años de su gobierno, a 35 mil y posteriormente a 20 mil pesos, debido —según su versión— a ajustes derivados del cierre administrativo.
La explicación oficial fue una reingeniería administrativa. Pero para los músicos y sus familias, el problema fue mucho más concreto: había maestros que pagar, instrumentos que mantener, ensayos que sostener y jóvenes que no podían entender por qué un proyecto que durante años había recibido respaldo podía quedar de pronto en una situación de incertidumbre. Medios locales documentaron entonces la crisis presupuestal y el temor de que el proyecto pudiera debilitarse.
Sin embargo, la orquesta no desapareció y quizá ahí esté la verdadera lección. Porque cuando el presupuesto se redujo, aparecieron los padres de familia. Cuando hubo incertidumbre, estuvieron los maestros. Cuando faltaron recursos, estuvo el patronato. Y cuando parecía que el camino se complicaba, los niños y jóvenes siguieron estudiando, ensayando y tocando.
Por eso, cuando vemos a la Orquesta Filarmónica de Misantla ocupar el Teatro del Estado, no estamos viendo solamente un concierto. Estamos viendo el resultado de una comunidad que decidió que la música no podía depender únicamente de una administración municipal.
Hoy el Ayuntamiento encabezado por René Omar Jaén Domínguez ha retomado el respaldo institucional al proyecto. En enero de este año, el patronato esperaba la asignación presupuestal para garantizar la operación de la orquesta, y posteriormente el gobierno municipal respaldó su participación en actividades y presentaciones.
La Orquesta Filarmónica de Misantla debería tener garantizada su continuidad más allá de los cambios de alcalde, de partido o de administración. Porque la cultura no puede empezar de cero cada cuatro años. Los proyectos que han demostrado resultados deben convertirse en políticas públicas permanentes.
Aquí también hay que reconocer a las madres y padres de familia que han sostenido este sueño durante años; al maestro Cristian Texon y a los docentes que han formado generaciones y a quienes, desde el patronato, han defendido la continuidad de la agrupación.
La imagen de nuestros jóvenes tocando ante una sala prácticamente llena en Xalapa debería hacernos reflexionar: ¿cuántos otros talentos misantecos estarán esperando una oportunidad semejante?
Invertir en cultura no es gastar dinero en entretenimiento. Es invertir en disciplina, educación, sensibilidad, identidad y futuro. La Orquesta Filarmónica de Misantla acaba de demostrar que los sueños pueden sobrevivir a los recortes, a las dificultades y hasta a los cambios políticos.
Ahora corresponde a todos nosotros procurar que nunca más tenga que demostrar que puede sobrevivir sin apoyo. Porque una orquesta no se construye en un trienio. Se construye generación tras generación.
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