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Tradición que pone en riesgo la vida

Chiltepín - Extracto de Chiltepín

2026/07/01 - 10:13

Lo ocurrido durante las fiestas patronales de la comunidad de Los Trapiches debe obligarnos a una reflexión profunda. Veintitrés personas lesionadas, entre ellas menores de edad, no pueden convertirse en una cifra más dentro del recuento de incidentes que suelen acompañar ciertas celebraciones populares. Detrás de cada número hay familias preocupadas, personas hospitalizadas y una comunidad entera marcada por una tragedia que pudo haber tenido consecuencias todavía más graves.

Afortunadamente no se registraron pérdidas humanas, pero ello no disminuye la gravedad de los hechos. La explosión de un tanque de gas durante una festividad evidencia que existen prácticas y costumbres que continúan realizándose sin que se evalúen adecuadamente los riesgos que representan para la población. La intervención oportuna de los cuerpos de emergencia evitó un escenario mucho más doloroso, pero la verdadera pregunta es si estas situaciones tendrían que seguir ocurriendo para que finalmente se tomen decisiones responsables.

Las fiestas patronales forman parte de la identidad cultural de muchas comunidades. Son espacios de convivencia, encuentro familiar y fortalecimiento del tejido social. Sin embargo, preservar las tradiciones no significa mantener intactas prácticas que ponen en peligro la integridad física de las personas. La cultura no es un concepto estático; evoluciona junto con la sociedad y debe adaptarse a los tiempos, especialmente cuando está en juego la seguridad colectiva.

Durante décadas se han normalizado actividades relacionadas con el uso de pólvora, artefactos explosivos y otros elementos de alto riesgo bajo el argumento de la costumbre. Sin embargo, los accidentes continúan repitiéndose año tras año en distintas regiones del país. La experiencia demuestra que el peligro es real y que las víctimas suelen ser ciudadanos comunes que acudieron simplemente a participar en una celebración religiosa o comunitaria.

Es momento de reconocer que algunas expresiones festivas han quedado rebasadas por la realidad. Mantener prácticas peligrosas únicamente porque “siempre se han hecho así” constituye una visión cada vez más difícil de justificar. Las nuevas generaciones merecen celebraciones seguras, organizadas y compatibles con los estándares mínimos de protección civil que hoy exige cualquier evento público.

Lo sucedido en Los Trapiches debe convertirse en un punto de inflexión. Las autoridades tienen la obligación de investigar a fondo las causas del incidente y reforzar las medidas preventivas, pero también corresponde a la sociedad abrir un debate serio sobre la pertinencia de ciertas actividades que, lejos de fortalecer una tradición, terminan convirtiéndola en una amenaza.

La mejor manera de honrar nuestras costumbres no es aferrándonos a prácticas que ponen vidas en riesgo, sino adaptándolas para que continúen siendo motivo de unión y no de tragedia. Porque ninguna tradición, por arraigada que esté, puede valer más que la seguridad y la vida de las personas.

 

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