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Cuando el agua vuelve a ser del pueblo

Chiltepín - Extracto de Chiltepín

2026/04/29 - 10:41

Cada 3 de mayo, mientras el calendario marca el Día de la Santa Cruz, en Misantla ocurre algo más profundo que una celebración religiosa: se abre la memoria. El Día de los Pocitos no es solo una fiesta, es un recordatorio de que el agua —antes que recurso— fue encuentro, comunidad y origen. En torno a los brocales adornados, a la música y al baño ritual, lo que realmente se celebra es la identidad que brota desde abajo, desde la tierra y la historia.

Durante años, sin embargo, esa tradición fue perdiendo su cauce. Lo que nació como una expresión comunitaria terminó, en distintos momentos, absorbido por la lógica política: padrinos que no representaban a los vecinos, nombramientos que respondían más a coyunturas electorales que al sentido simbólico de la fiesta. Como ha ocurrido con tantas expresiones populares, el poder intentó capitalizar lo que no le pertenecía.

Pero las tradiciones, cuando son auténticas, saben resistir. Este año, la decisión del comité del Pocito de Nacaquinia de devolverle su carácter ciudadano a la celebración no es un gesto menor: es una recuperación de sentido. Es volver a entender que el agua no necesita padrinos de ocasión, sino comunidad que la honre. Que el bautizo simbólico no debe responder a intereses, sino a pertenencias.

Nacaquinia —ese manantial que, según la leyenda, nació de las lágrimas de Xanat por su amado— sigue siendo mucho más que un sitio emblemático. Es símbolo de permanencia. Quien bebe de sus aguas, dice la tradición, siempre regresa a Misantla. Tal vez porque en ese acto no solo se bebe agua, sino historia, identidad y arraigo.

En tiempos donde lo público suele confundirse con lo político, recuperar el Día de los Pocitos como una fiesta del pueblo es también una forma de resistencia cultural. No se trata de excluir a nadie, sino de poner cada cosa en su lugar: la tradición no es plataforma, es herencia y ésta no se administra, se cuida.

Y es que cuando la cultura se presta al oportunismo, se diluye, pero cuando vuelve a sus raíces, como el agua de los pocitos, encuentra de nuevo su claridad.

 

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