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La jugada económica
Emiliano Sesma - Póngale Fecha
2025/12/10 - 09:36
Emiliano Sesma.- La Copa del Mundo de 2026 no es solo uno de los eventos deportivos más importantes; es, ante todo, una gran oportunidad económica para México. Con 13 partidos (incluido el inaugural en el Estadio Azteca), tres sedes oficiales (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey) y una expectativa de más de 5.5 millones de visitantes extranjeros, el impacto directo e inducido se estima entre 9,000 y 12,000 millones de dólares solo para nuestro país. A esto hay que sumar la derrama en construcción (hoteles, transporte, estadios renovados), turismo, patrocinios y la exposición mediática global que ninguna campaña de promoción podría comprar. En un momento en que la economía mexicana crece por debajo del 2% anual, recibir el Mundial equivale a inyectar el equivalente a casi medio punto porcentual del PIB en un solo mes. Es, literalmente, un gol de media cancha que no podemos desperdiciar.
Pero el verdadero valor no está en los 48 días de torneo, sino en el legado de largo plazo. Los tres estadios mexicanos serán modernizados con estándares FIFA, lo que obligará a mejoras en accesibilidad, conectividad y seguridad urbana que beneficiarán a la población local durante décadas. Aeropuertos como el AIFA y el de Guadalajara serán ampliados, las autopistas serán repavimentadas y se impulsará la infraestructura hotelera de lujo que hoy hace falta en varias zonas del país. El Mundial 1986 dejó el Metro línea 9 y el Periférico; el 2026 puede dejar un sistema de movilidad interurbana de alta velocidad entre las tres sedes y, sobre todo, reposicionar a México como destino premium de turismo deportivo y de convenciones. Si se hace bien, el retorno de inversión puede prolongarse 15 o 20 años.
Aquí es donde entra la foto de los tres presidentes —Sheinbaum, Trump y Carney— en el sorteo del 5 de diciembre. Más allá del simbolismo futbolero, esa imagen envía al mundo una señal contundente: Norteamérica está unida y abierta a los negocios. Y esa señal llega justo cuando el T-MEC entra en su revisión sexenal de 2026, un proceso que, mal llevado, podría convertirse en una pesadilla arancelaria para la industria mexicana. La presencia conjunta de los líderes en un evento de alto perfil mediático sirvió como recordatorio visual de que el destino económico de México, Estados Unidos y Canadá está entrelazado. Trump, que en campaña amenazó con aranceles del 25%, ahora tiene frente a sí una presidenta mexicana que, con inteligencia y firmeza, proyectó respeto mutuo y cooperación sin subordinación. El mensaje fue claro: podemos pelear por migración o fentanilo, pero en lo económico nadie gana rompiendo el bloque comercial más poderoso del mundo.
Sin embargo, el riesgo es que nos conformemos con la foto y la fiesta. Si no hay planeación seria —desde un plan maestro de movilidad hasta una estrategia agresiva de atracción de inversión extranjera vinculada al Mundial—, corremos el peligro de repetir el error de Brasil 2014: estadios elefante blanco y deuda pública. México necesita desde ya un fondo fiduciario público-privado para el legado del Mundial, incentivos fiscales claros para hoteles y centros de convenciones, y una campaña internacional que ligue explícitamente el éxito del torneo con la fortaleza del T-MEC. La renegociación del tratado debe incluir capítulos específicos sobre cooperación en infraestructura deportiva y turismo, convirtiendo al Mundial en argumento irrefutable para mantener reglas de origen flexibles y cero aranceles.
El Mundial 2026 y la revisión del T-MEC son dos caras de la misma moneda: la oportunidad histórica de consolidar a México como la economía emergente más atractiva del continente. La imagen de Sheinbaum, Trump y Carney sonriendo juntos no es solo protocolo; póngale fecha ya que es la antesala de la negociación comercial más importante de los próximos 20 años. Si jugamos en equipo —gobierno federal, estados, iniciativa privada y sociedad—, podemos convertir el grito de “¡sí se pudo!” del 19 de julio de 2026 en el inicio de una década de prosperidad sostenida. El balón está en nuestro terreno y el portero está adelantado. Es momento de tirar a portería con todo.
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