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Madurez institucional y política
Emiliano Sesma - Póngale Fecha
2026/06/24 - 12:16
Lo ocurrido en Ixhuatlán del Sureste deja una reflexión importante sobre la forma en que algunos actores políticos siguen entendiendo el servicio público. En un municipio pequeño, de alrededor de 15 mil habitantes, una diferencia electoral no puede confundirse con una carta de propiedad sobre la voluntad ciudadana ni mucho menos con la idea de que los programas sociales son herramientas para construir protagonismos personales.
La postura de la gobernadora Rocío Nahle García fue clara: los apoyos sociales continuarán llegando a quienes los necesitan, pero sin intermediarios, sin condicionamientos y sin permitir que ningún servidor público utilice los recursos de la gente para generar beneficios políticos o electorales.
El mensaje de la mandataria estatal apuesta por algo que debería ser básico en la política: madurez institucional. Las elecciones ya pasaron y la responsabilidad de un gobierno es atender a todas y todos, sin colores partidistas. Los programas sociales no pertenecen a un partido, a un alcalde o a un grupo político; pertenecen a las familias veracruzanas.
El caso de Ixhuatlán del Sureste también pone sobre la mesa un viejo vicio de la política: intentar convertir la ayuda social en un escaparate personal. Hay quienes todavía creen que aparecer en la fotografía de una entrega de medicamento, una silla de ruedas o un apoyo funcional representa capital político. Pero la verdadera sensibilidad debería entender que detrás de cada apoyo hay una persona, una familia y muchas veces una historia de vulnerabilidad que merece respeto, no exposición.
Hace algún tiempo, un exdiputado local comentaba una regla no escrita que debería ser más común entre quienes ejercen un cargo público: evitar publicar imágenes de personas que reciben apoyos cuando esas fotografías pueden terminar exhibiendo una necesidad o una condición que muchas veces no desean mostrar. La ayuda debe dignificar, no convertirse en propaganda.
Ahí está la diferencia entre hacer política para servir y hacer política para alimentar el ego. Quien verdaderamente ayuda no necesita colocarse siempre en el centro de la imagen; entiende que el protagonista debe ser el ciudadano que recibe el beneficio.
En este sentido, el llamado de la gobernadora a la prudencia, la calma y la responsabilidad resulta oportuno. Veracruz necesita autoridades que sumen, que coordinen esfuerzos y que entiendan que gobernar no es competir por reflectores, sino resolver problemas.
Ixhuatlán del Sureste terminó siendo ejemplo de una discusión más amplia: los tiempos cambiaron y los programas sociales deben llegar directamente a la gente. Algunos actores políticos tendrán que adaptarse a una nueva realidad donde servir ya no significa controlar, aparecer o atribuirse lo que pertenece a la ciudadanía.
Por lo tanto, póngale fecha la política de altura exige humildad, ya que los cargos públicos son temporales, pero la confianza de la ciudadanía se construye con resultados, no con fotografías. Lo sucedido en el pequeño municipio de Ixhuatlán del Sureste deberá servir de ejemplo para el resto de municipios, para que la madurez política e institucional se convierta en una condición suficiente de las autoridades municipales.
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