¡Le traen unas ganas!
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Bots y la mentira repetida.
Emiliano Sesma - Póngale Fecha
2026/08/26 - 10:14
La advertencia de Rocío Nahle sobre las granjas de bots pone sobre la mesa una realidad que ya no puede ignorarse: las redes sociales también pueden convertirse en herramientas de manipulación política, desinformación y ataques coordinados. El pasado lunes, durante su conferencia de prensa, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, puso sobre la mesa un tema que cada vez adquiere mayor relevancia en la política nacional: las llamadas granjas de bots. No se trata simplemente de cuentas falsas que publican comentarios en redes sociales; detrás de algunas de estas estructuras puede existir infraestructura tecnológica, operadores y estrategias destinadas a fabricar tendencias, amplificar ataques y hacer que una narrativa artificial parezca una expresión espontánea de la sociedad. El problema se vuelve todavía más delicado cuando estas dinámicas encuentran aliados en comentaristas, influencers o espacios de comunicación dispuestos a reproducir información sin verificarla.
Y es precisamente ahí donde aparece una nueva forma de hacer política: la mentira repetida hasta convertirse en una supuesta verdad. Una publicación anónima puede convertirse en cientos de publicaciones; un comentario puede transformarse en tendencia; una acusación sin pruebas puede llegar a convertirse en “noticia” cuando determinados perfiles y medios la reproducen. Así se construye una realidad paralela en la que el objetivo no necesariamente es informar, sino desgastar, dividir y generar polarización. En Veracruz, durante los últimos meses, se ha observado un golpeteo político contra la gobernadora en distintos frentes, tanto estatales como federales. Sin embargo, Nahle ha respondido con algo que sus adversarios difícilmente pueden combatir: trabajo, resultados y, sobre todo, la decisión de no engancharse con cada provocación. Esa capacidad de mantener la calma también es una forma de hacer política.
El fenómeno, además, no es exclusivo de las grandes esferas nacionales. En Misantla podemos observar una versión mucho más pequeña, pero no por ello menos preocupante. Existen perfiles en redes sociales que pretenden presentarse como medios de comunicación cuando en realidad no cuentan con una estructura periodística identificable ni con las características de un medio formal. Desde el anonimato difunden señalamientos, descalificaciones y versiones que posteriormente son compartidas como si fueran información periodística. Un ejemplo reciente fueron las publicaciones relacionadas con la Feria Misantla 2026, donde circularon versiones que posteriormente tuvieron que ser aclaradas. El mecanismo es similar al de las grandes operaciones digitales: crear una narrativa, repetirla y esperar que la mentira llegue más lejos que la verdad.
Lo verdaderamente preocupante es que detrás de una cuenta anónima, de un perfil que se disfraza de medio o de una red de cuentas coordinadas siempre puede existir alguien con intereses concretos. A nivel nacional, las investigaciones y señalamientos alrededor de estructuras digitales vinculadas con figuras como Fernando Cerimedo y Javier Negre han puesto el foco sobre la relación entre operadores políticos, medios digitales y redes sociales; mientras que en México también se ha discutido públicamente la relación de Negre con el entorno empresarial de Ricardo Salinas Pliego. Esto no significa que cada publicación crítica o cada cuenta falsa forme parte de una misma estructura, pero sí demuestra que la política digital contemporánea merece ser investigada y observada con lupa.
Porque finalmente la discusión no debería ser quién grita más fuerte en Facebook o quién consigue fabricar más comentarios, sino quién tiene la verdad y quién puede demostrarla. La libertad de expresión es fundamental y nadie debería pretender silenciar la crítica; pero una cosa es criticar y otra muy distinta fabricar mentiras deliberadamente para destruir reputaciones. La ciudadanía merece información verificable, periodistas que den la cara y medios que asuman responsabilidad por lo que publican. En tiempos de inteligencia artificial, cuentas automatizadas y granjas de bots, quizá la mejor defensa contra la manipulación no sea responder a cada ataque, sino hacer exactamente lo que ha hecho Rocío Nahle: no caer en la provocación, mantener la cabeza fría y dejar que los resultados hablen. Porque pongámosle fecha a que tarde o temprano, detrás de cada máscara digital, termina apareciendo el rostro de quien la utiliza.
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