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El gran error de don Julio Scherer… y AMLO

Pablo Jair Ortega - Columna Sin Nombre

2026/02/17 - 11:57

Todos los que pasamos por alguna escuela de Periodismo o Comunicación, sabemos quién fue Julio Scherer García. Al menos los de mi generación —y algunos más jóvenes— conocemos la importancia del director y fundador del semanario Proceso, mismo que al fallecimiento de Scherer, perdió esa credibilidad que marcaba la agenda política del país.

(Debe decirse que era inevitable su desvanecimiento: el periodismo impreso en general pasa por la peor crisis. Proceso dejó de imprimir, pero también perdió el rumbo editorial).

Ahí en esa revista trabajaron muchos periodistas muy renombrados. En Veracruz tuvimos a la gran Regina Martínez, asesinada en circunstancias misteriosas y en momentos justos cuando se estaba revelando en Proceso —a través de números especiales— sobre las operaciones del narcotráfico en la entidad, donde se señalaban a políticos y jefes policiacos.

Otro de esos periodistas es el veracruzano Ricardo Ravelo (originario de la Cuenca del Papaloapan), quien durante años manejó para Proceso la fuente pesada de la nota roja, pero a niveles de la extinta Procuraduría General de la República o los capos de la delincuencia organizada en México.

En alguna ocasión, una persona que conoce a Ricardo me platicó que alguna vez le confesó una discusión que tuvo con Don Julio Scherer por una información que había conseguido.

Narraba que el legendario Don Julio le había pedido a Ravelo que investigara un tema de corrupción en las aduanas del país. El veracruzano se abocó a la tarea y logró conseguir lo que su director le pedía. El problema fue que dentro de esa investigación surgió el nombre del abogado Julio Scherer Ibarra.

Entre que si entregaba o no la investigación completa, Ravelo llevó su texto ante Scherer y le dijo la verdad: en el trabajo aparece el nombre de su hijo.

Don Julio, según lo que le contó Ravelo a mi fuente, leyó el trabajo y tomó una decisión tajante: “No sale”.

—Ok, yo se lo traigo porque usted me pidió investigar ese tema.
—Sí, pero es mi hijo.

Dicho esto, nunca se supo en qué andaba metido Julio Scherer junior, porque aparentemente nunca salió publicado el trabajo de Ravelo.

Luego sabríamos del hijo de Don Julio Scherer en tiempos recientes porque llego como consejero jurídico de la Presidencia de un tal Andrés Manuel López Obrador, cargo al que renunciaría el 2 de septiembre de 2021 tras acusaciones de operar una supuesta red de tráfico de influencias y negocios al amparo del poder. Sus principales detractores eran la entonces secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y el fiscal general Alejandro Gertz Manero.

A su salida, Scherer Ibarra mantuvo un perfil bajo, pero hace unos días atrás salió un libro donde hace supuestas “revelaciones”.

Entre los chismes que revela (porque el contenido no es más que para el puro morbo y el orgasmo chaquetero de los detractores de la Cuarta Transformeishion) habla de bajezas como decir que la actual gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, era una persona manipulable y que le habían dado la tarea de la construcción de la refinería de Dos Bocas para darle un trabajo en el gobierno federal. Que además tumbaron manglares, gastaron una millonada en compra de terreno y nunca hubo estudio de impacto ambiental.

La gobernadora no se quedó callada: en el programa “Los Periodistas” conducido por Alejandro Pérez Varela y Álvaro Delgado (otro periodista destacado que salió de Proceso), transmitido este lunes 16, habló sobre la deslealtad de Julio Scherer y la equivocación que tuvo López Obrador al incluirlo en su proyecto de país.

“Yo entiendo que cuando uno entra a un puesto de administración y como sobre todo un Presidente de la República que tiene muchas secretarías, que tiene muchos puestos, que tiene que designar quién le ayude en las diferentes áreas, pues busca personas de confianza; busca personas que tengan coincidencias y, a veces, uno se equivoca, así es. Me queda claro pues que hubo una equivocación con él y una equivocación porque hoy que estamos escuchando y viendo todo lo que escribió, puro chismerío: esa es la palabra”.

Nahle García aclaró que al inicio del gobierno de López Obrador ella era senadora electa por Veracruz, por lo que no necesitaba “chamba”, como dice Julio Scherer en su libro; de todos modos fue designada por el presidente como secretaria de Energía: “en mi caso a mí me asignó la responsabilidad de rehabilitar las seis refinerías que estaban en la lona, nada más estaban trabajando dos”.

Se refirió al abogado como una persona desleal, “una persona que si vio errores, porque posiblemente hubo errores, ahora lo está exponiendo de una manera transversal”.

En el contexto de Dos Bocas, Nahle hace una revelación: la refinería estuvo a punto de construirse en Veracruz, pues Coatzacoalcos y Tuxpan eran los otros dos lugares propuestos para su edificación. De igual manera, negó que se hayan destruido manglares.

“Se tiene un estudio para seleccionar cuál era el lugar óptimo; el que tuvo mayor punto fue Dos Bocas, después era Tuxpan, y en tercer lugar era Coatzacoalcos. En Dos Bocas, ese terreno es de Pemex, no se compró, ya era de Pemex, no se tiró ningún manglar, es mentira. Hubo un despalme, el manglar está a un lado del río; si ahorita vas, ahí están los manglares pegados al río, se respetaban los manglares. Se pidió la MIA (Manifiesto de Impacto Ambiental) porque ya estaba desde el 2013; era una MIA que ya tenía Pemex ahí desde hace mucho tiempo. O sea, ya había la MIA, cosa que no sabe (Scherer). Ese terreno es de Pemex, está a un lado de la terminal marítima de Dos Bocas, que se construyó en 1985: ahí se hicieron muchos estudios”.

Subraya que el entonces gobernador electo de Tabasco, Adán Augusto López, fue quien detectó las 600 hectáreas pertenecientes a Petróleos Mexicanos.

Nahle García también hace otra revelación: la refinería de Dos Bocas se estaba planeando desde 2017 e incluso siendo diputada federal y coordinadora de la primera bancada de Morena, en ese año viajó a India a conocer la refinería más grande del mundo.

“Fui acompañada de los dos refineros más grandes de México en ese momento: el ingeniero José Alberto Celestinos Isaac, que en paz descanse, y el ingeniero (José Felipe) Ocampo Torrea, un gran ingeniero que afortunadamente todavía lo tenemos con nosotros (...) Son nuestros refineros que hicieron las seis refinerías, mis maestros. Entonces les pedí que me acompañaran porque teníamos que ver el avance tecnológico, la toma de decisiones. Los hindús son muy generosos y nos dieron todo el know-how”.

Detalló que ya siendo gobierno la 4T en 2018, el 19 de julio ya estaban en el Instituto Mexicano del Petróleo hablando con el entonces director para trabajar en lo de la refinería de Dos Bocas: “O sea, todavía ni llegábamos al poder, pero nosotros ya teníamos mucho tiempo preparándonos”.

Recalca: “Pues yo no sé dónde estaba antes (Scherer Ibarra); cuando yo te estoy comentando todo esto, yo no sé a qué se dedicaba. Él como abogado pues tenía sus negocios y sus asuntos que tratar, mientras que nosotros estábamos apoyando a López Obrador, trabajando para llevar la transformación a México (…) Y cuando nos invita a todos (López Obrador), incluido a él (Scherer) a participar en un gobierno transformador, pues si él no estaba de acuerdo, pues se lo hubiera dicho; se lo hubiera dicho y no hubiera aceptado (...) Si él no estaba de acuerdo, pues se lo hubiera dicho el presidente: ‘Señor presidente, yo no estoy de acuerdo con la política, con lo que aquí veo, ya me voy’... Yo creo que eso hubiera sido lo más leal, lo más sano”.

Y enfatiza a pregunta de uno de los periodistas sobre la deslealtad de Scherer: “No sé por qué se le ocurrió a estas horas escribir sus supuestos, son supuestos de él, con una persona pues que no coincide con la política actual ni con el modelo de desarrollo económico que se está llevando en el país. Bueno, está bien, eso se respeta, cada quien puede pensar lo que quiera. No tengo idea por qué hasta ahorita. Lo que sí, bien lo mencionas, hay una deslealtad”.

—¿Es desleal con quién?
—Al presidente (López Obrador). Y también hay una deslealtad al país, porque el país nos estaba viendo, a todos los secretarios, al gabinete del presidente, cuando uno sale a dar cara (...) Él era el consejero jurídico, tenía lealtad, debería de tener lealtad al presidente, pero también al pueblo porque no son puestos o cargos para un tema personal: son encargos para el pueblo, para el país. Somos servidores públicos.

“Entonces, pues claro, claro que es un desleal”, señaló.

Y remató: “¿Ustedes creen que este dichoso libro que saca ahorita en este momento es para apoyar a la presidenta, para apoyar a México, para dar una gratitud al presidente a quien le dio un gran puesto? ¿Es para decirle al pueblo, bueno, estuve en tomas de decisión importantes? No, por eso les dije que es un libro de puro chismerío. Así lo puedo catalogar yo”.

 

Aclaración del periodista Ricardo Ravelo a ColumnaSinNombre | LA ENSEÑANZA DE JULIO SCHERER GARCÍA -
 
 
 
La enseñanza de Julio Scherer García
 
 
Ciudad de México
A 17 de febrero de 2026
 
 
Pablo Jair Ortega
Presente
 
En relación a su artículo publicado hoy en distintas plataformas ColumnaSinNombre, El Gran ERROR DE DON JULIO SCHERER …Y AMLO, permítame hacer las siguientes precisiones y aclaraciones.
 
En el mes de noviembre de 2001 propuse al entonces director del semanario Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda, trabajar un reportaje relacionado con los aventureros de la industria azucarera. El tema se imponía como necesario debido a que la privatización de muchos ingenios azucareros, durante gobierno de Vicente Fox, resultó un gran negocio sexenal.
 
Rodríguez Casteñeda me respondió: “Adelante”. En ese momento, ignoraba que Julio Scherer Ibarra estaba implicado en un presunto acto de corrupción con el Grupo Azucarero Escorpión (CAZE), entonces presidido por el empresario Enrique Molina Sobrino.
 
Durante mi trabajo reporteril entrevisté a varios dueños de ingenios azucareros, entre otros, a Molina Sobrino, a quien acusaban de haber violado un acuerdo entre grupos industriales para exportar al mercado internacional un porcentaje de la producción de azúcar con el fin de mantener la estabilidad del precio.
 
En una ocasión, encontrándome en la redacción de Proceso, llegó a la redacción una persona que dejó un sobre tamaño carta con documentos a mi nombre. La recepcionista me los entregó. Cuando abrí el sobre saqué el legajo y entre aquel cúmulo de papeles había varios documentos de la Secretaría de Hacienda.
 
Se trataba de auditorías que comprometían a CAZE y acusaban a su duepo de simular exportaciones de azúcar al mercado internacional. El presunto responsable de aquellas maniobras era el director comercial del consorcio azucarero, Julio Scherer Ibarra, según las denuncias, por lo que se le estaba investigando, aunque también cabe resaltar que existió una persecución en su contra por parte de Francisco Gil Díaz, entonces secretario de Hacienda.
 
Cuando leí los documentos hablé con el director Rodríguez Castañeda –no con Julio Scherer García, quien ya había dejado la dirección de la revista en 1996 –y le conté los pormenores del tema. Me dijo, palabras más, palabras menos: Tengo entendido que ese asunto ya se aclaró, pero te pido que hables con Julio. Se refería a Scherer Ibarra. Así lo hice.
 
Cuando estuve frente a él lo negó todo, incluso, me sugirió no publicar el reportaje. Le
dije que eso no dependía de mí.
 
Continué con el tema y en vísperas del cierre de edición Scherer Ibarra me llamó por teléfono. Insistió en que el reportaje no se publicara. Le dije, otra vez, que esa decisión no dependía de mí, que hablara con Rafael Rodriguez.
 
El director de Proceso me pidió que en el texto incluyera la versión de Julio Scherer Ibarra, que añadiera los detalles de las auditorías y también la versión de “Julito”, como le decíamos en la revista.
 
Sin entrar en más detalles, las auditorías ponían en evidencia que Scherer Ibarra obtuvo documentación falsa de aduanas que mostraban que CAZE había exportado correctamente el porcentaje de azúcar que le correspondía, pero otros datos daban cuenta que los cargamentos de azúcar nunca salieron del país; que los buques que CAZE decía que habían sido cargados en el puerto de Veracruz en determinadas fechas no coincidían con los reportes oficiales, pues dichos barcos en esas mismas fechas navegaban en otros continentes.
 
Cuando hablé estos puntos con Scherer Ibarra él lo negó. Tomé su versión, con todos los detalles que me aportó. Recuerdo muy bien que un viernes a mediodía –en pleno cierre de edición –estaba escribiendo el reportaje en Proceso cuando sonó mi teléfono. Era Scherer Ibarra, quien me pidió en tres ocasiones que no publicara el texto. Le respondí de nuevo: “Habla con Rafael”. No sé si lo hizo o no; ignoro si en ese momento el señor Julio Scherer García se enteró. Terminé de redactar mi reportaje de diez cuartillas a las seis de la tarde y lo entregué a la mesa de redacción.
 
Salí de Proceso a las 10:00 de la noche, cuando la mesa de edición ya me había dado de alta. Ignoraba, hasta ese momento, si el texto se publicaría. 
 
Para mi sorpresa, el reportaje se publicó en el número 1305 de Proceso, el 4 de noviembre de 2001, bajo el encabezado: “El Negocio del azúcar: Una trama de corrupción.
 
Por su puesto, la publicación tuvo consecuencias aunque no graves. Julio Scherer García –quien habitualmente acudía a las instalaciones de Proceso –me dejó de hablar un año. Era obvio su enojo, pero reconozco que tuvo el talante y la libertad de publicar un reportaje que implicaba a su propio hijo en un presunto acto de corrupción. Eso jamás lo olvidaré.
 
También me quedó claro que la libertad en el semanario era total, pues jamás fui censurado y nunca me dieron “línea” para publicar información sesgada o torcida. La ética y el profesionalismo periodístico en esos tiempos era casi sagrado.
 
Más tarde se supo que Vicente Fox le había dado indicaciones a Francisco Gil Díaz de encarcelar a Julio Scherer Ibarra, pero nunca pudieron probar sus acusaciones.
 
Sirvan estas líneas para precisar y aclarar este pedazo de historia tal cual la viví, a fin de que este asunto no se preste a malas interpretaciones o a narrativas carentes de veracidad que sólo sirven para confundir a la Opinión Pública.
 
Sin más, agradeceré la publicación de la presente en los mismos espacios donde se difundió la columna citada en el primer párrafo de este texto.
 
A t e n t a m e n t e
 
Ricardo Ravelo

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