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Pocitos de Misantla: donde el agua cuenta la historia
Una memoria colectiva que se resiste a desaparecer.
Misantla, Ver. | 2026/04/29 - 11:04
Reportera de la web.- En Misantla, Veracruz, el agua no solo calma la sed, narra, convoca y da identidad. Cada 3 de mayo, en el marco del Día de la Santa Cruz, la ciudad revive una de sus tradiciones más profundas: el Día de los Pocitos. Una celebración que va más allá del folclor y que encuentra en dos manantiales —Nacaquinia y El Zotuco— el corazón de una memoria colectiva que se resiste a desaparecer.
Nacaquinia y El Zotuco: barrios que nacen del agua
No todos los pocitos tienen el mismo peso simbólico. En Misantla, dos destacan no solo por su historia, sino porque han dado nombre a los barrios donde se encuentran: Nacaquinia y El Zotuco. Ambos son más que puntos geográficos, son referentes de identidad, espacios donde la tradición se vuelve cotidiana.
Ahí, cada año, los vecinos se organizan para adornar los brocales, elegir padrinos y realizar el baño tradicional, en un acto que mezcla lo ritual con lo comunitario. La fiesta no pertenece a una institución: pertenece al barrio, a la gente, a quienes han crecido escuchando que en esas aguas habita algo más que un manantial.
La leyenda de Xanat: amor, pérdida y origen
La tradición encuentra su raíz en una historia que ha pasado de generación en generación. Se cuenta que Xanat, una princesa totonaca, se enamoró de un guerrero que partió a la guerra y nunca regresó. La noticia de su muerte desató en ella un dolor incontenible. Lloró tanto, dice la leyenda, que sus lágrimas dieron origen al pozo de Nacaquinia.
Más allá de su carácter mítico, la historia encierra un simbolismo poderoso: el agua como expresión de vida, pero también de duelo, memoria y permanencia. No es casual que exista la creencia de que quien bebe de ese pocito siempre regresa a Misantla. Tal vez porque en ese acto se establece un vínculo que va más allá de lo físico.
La canción es la identidad de los misantecos
El Pocito de Nacaquinia y sus aguas, así como los ojos de una hermosa misanteca, recordada como la “Chacha Linda”, fue motivo de inspiración para que el misanteco Chucho Martínez Gil, escribiera la canción de “Pocito Nacaquinia” misma que cantó y grabó en cientos de discos y lugares donde se presentó como músico. Aquí una de sus estrofas más recordadas y tarareadas por los misantecos que ya no viven en estas tierras:
“Le canto a mi pueblo, le canto a mi tierra, le canto a mi tierra linda tierra de ensueños donde nací, y nunca la olvido, por más que me aleje la llevo dentro de mi alma la llevo dentro de mi sentir. Pocito de Nacaquinia, manantial de los sedientos, donde los enamorados, se adivinan pensamientos. Pocito de Nacaquinia donde muchas veces fui, a buscar la que quería, pero solito me devolví, pero solito me devolví..”
De tradición local a pantalla nacional
El alcance del Pocito de Nacaquinia trascendió lo local a mediados del siglo XX. La conexión vino desde el cine, cuando la canción inspirada en este manantial fue incluida en la película Tizoc, protagonizada por Pedro Infante y María Félix.
Detrás de esa inclusión hubo una figura clave: Miguel Alemán Velasco, quien en su etapa como productor y ejecutivo de Televisa impulsó proyectos culturales y cinematográficos. Su cercanía con los compositores permitió que la canción “Pocito de Nacaquinia” encontrara un espacio en la pantalla grande, proyectando así el nombre de Misantla a nivel nacional.
A partir de entonces, el sitio dejó de ser únicamente un símbolo local para convertirse en una referencia cultural dentro del imaginario mexicano. Es importante señalar que al paso de los años, cuando Miguel Alemán Velasco fue gobernador de Veracruz, mandó hacer la escultura de María Félix y Pedro Infante de la película de Tizoc, para venir a develarla en el Pozo de Nacaquinia. La cual sigue ahí silenciosa, muda testigo de los años dorados del cine y de aquella visita de Miguel Alemán Velasco a la tierra del cachichín.
Entre la tradición y la disputa por su sentido
Como muchas expresiones populares, la fiesta de los pocitos no ha estado exenta de tensiones. Durante años, la figura de los padrinos —originalmente vecinos o personas cercanas a la comunidad— fue ocupada por actores políticos, convirtiendo un acto simbólico en una plataforma de visibilidad.
Sin embargo, en fechas recientes, particularmente en el Pocito de Nacaquinia, ha surgido un esfuerzo de parte de los vecinos, por devolverle a la celebración su carácter ciudadano. El rescate de esta esencia no es menor: implica recuperar el control cultural de una tradición que, por definición, pertenece a la comunidad.
El agua como identidad
En Misantla, los pocitos no son reliquias del pasado; son prácticas vivas. Cada adorno colocado, cada baño ritual, cada historia contada al pie del brocal refuerza una idea simple pero poderosa: la identidad también se construye desde lo cotidiano.
Nacaquinia y El Zotuco no solo nombran barrios, nombran pertenencias. Y en un mundo donde lo inmediato suele desplazar a lo esencial, que una comunidad siga reuniéndose en torno al agua para celebrar su historia no es un acto menor: es una forma de resistencia.
Porque al final, en Misantla, el agua no solo fluye… permanece.
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