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Regidurías en venta: el costo de la sobrerrepresentación en Misantla
Emiliano Sesma - Póngale Fecha
2026/03/18 - 10:00
La posible reducción del número de regidores en los ayuntamientos, como plantea la reciente reforma electoral, abre un debate necesario sobre la eficiencia, la representación y el uso de los recursos públicos en municipios como Misantla.
Actualmente, el Cabildo misanteco está conformado por ocho regidores. En teoría, esta estructura debería garantizar pluralidad, equilibrio político y una representación adecuada de la ciudadanía. Sin embargo, en la práctica, la realidad dista mucho de ese ideal. La sobrerrepresentación en el Cabildo no solo es evidente, sino que en muchos casos se ha traducido en ineficiencia administrativa, duplicidad de funciones y, peor aún, en espacios que no generan valor real para la población.
Reducir el número de regidores a tres, como se ha planteado, podría parecer una medida drástica a primera vista. No obstante, también representa una oportunidad para replantear el funcionamiento del gobierno municipal y priorizar la calidad sobre la cantidad. Un Cabildo más compacto no necesariamente implica menor representación, sino la posibilidad de contar con perfiles más comprometidos, profesionales y verdaderamente enfocados en el servicio público.
Es imposible ignorar una percepción que ha crecido entre la ciudadanía: muchos regidores, lejos de cumplir con sus responsabilidades, simplemente no trabajan. La ausencia en oficinas, la falta de gestión y la nula cercanía con la población han debilitado la confianza en estos cargos. A esto se suma una crítica aún más delicada: la idea de que algunas regidurías se han convertido en posiciones que se negocian y se asignan como mercancía al mejor postor, priorizando intereses políticos o económicos por encima del bienestar colectivo.
Este fenómeno no solo afecta la legitimidad del Cabildo, sino que también representa una carga innecesaria para las finanzas municipales. Cada regiduría implica salarios, equipo, personal de apoyo y recursos que, en muchos casos, no se traducen en beneficios tangibles para la ciudadanía. En un contexto donde los municipios enfrentan limitaciones presupuestales, mantener estructuras sobredimensionadas resulta difícil de justificar.
Desde esta perspectiva, la reducción de regidores podría convertirse en un alivio significativo para las arcas municipales, incluyendo las de Misantla. Menos posiciones implican menor gasto corriente y, potencialmente, una mejor redistribución de recursos hacia áreas prioritarias como servicios públicos, infraestructura y desarrollo social.
Sin embargo, la reforma por sí sola no resolverá todos los problemas. Reducir el número de regidores debe ir acompañado de mecanismos más estrictos de rendición de cuentas, transparencia y evaluación del desempeño. De lo contrario, el riesgo es simplemente concentrar los mismos vicios en menos personas.
El debate no debe centrarse únicamente en cuántos regidores debe tener un municipio, sino en qué tipo de representantes necesita la ciudadanía. La discusión de fondo es sobre la dignificación del servicio público, la eliminación de prácticas clientelares y la construcción de gobiernos municipales más eficientes, cercanos y responsables.
Misantla, como muchos otros municipios del país, tiene ante sí la oportunidad de transformar su gobierno local. La invitación es a ponerle fecha, la reducción de regidores puede ser un primer paso, pero el verdadero cambio dependerá de la voluntad política y del compromiso de quienes aspiren a ocupar estos cargos.
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