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Una Fiscal que camina

Ivan Calderón - Perfilando

2026/06/02 - 10:46

En Veracruz, durante mucho tiempo, la procuración de justicia tuvo una imagen fría, lejana y hasta amurallada. Fiscalías de escritorio, funcionarios encerrados a piedra y lodo, oficinas convertidas en trincheras burocráticas y una ciudadanía obligada a tocar puertas que casi nunca se abrían.

Por eso, lo que hoy está ocurriendo con las jornadas de Veracruzana Protegida merece una lectura política y de fondo.

La Fiscal General del Estado, Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, entendió algo elemental, pero que muchos de sus antecesores olvidaron: la justicia no se procura únicamente desde un despacho. La justicia también se construye en territorio, caminando las colonias, escuchando a las víctimas, coordinando a las corporaciones y acercando las instituciones a quienes más las necesitan.

Y ahí está la diferencia.

A Lisbeth Aurelia se le ha visto en la zona sur, en la capital del estado, en la zona centro y en distintos puntos de Veracruz. No como figura decorativa ni como funcionaria de fotografía, sino encabezando trabajos, supervisando estrategias y participando en acciones coordinadas con el Gobierno del Estado, la Secretaría de Seguridad Pública, autoridades municipales y corporaciones encargadas de la seguridad.

Eso, en términos políticos, marca un cambio de estilo.

Porque durante años, la Fiscalía fue vista como una institución distante, pesada, cerrada. Hoy, con sus matices y con los retos enormes que todavía existen, la señal es distinta: hay una fiscal que dejó el escritorio para caminar Veracruz.

Las jornadas de Veracruzana Protegida no son un acto menor. Se trata de una estrategia que acerca servicios, atención, orientación jurídica, seguimiento de carpetas de investigación y mecanismos de protección para mujeres que enfrentan situaciones de violencia o riesgo. Es decir, la Fiscalía no espera a que la ciudadanía llegue agotada hasta sus oficinas; ahora sale a buscar, escuchar y atender.

Ese es el punto.

La procuración de justicia no puede quedarse atrapada en expedientes. Tiene que tener rostro, territorio y sensibilidad. Y más en un estado como Veracruz, donde las regiones son distintas, los problemas cambian de municipio a municipio y la seguridad exige coordinación permanente.

Los datos también importan.

La propia Fiscalía ha informado incrementos en mandamientos judiciales cumplimentados, órdenes de aprehensión solicitadas, carpetas judicializadas y vinculaciones a proceso. No es un asunto de discurso, sino de operación institucional. Cuando una fiscalía judicializa más, cumple más mandamientos y logra más vinculaciones, hay una señal clara: la maquinaria de procuración de justicia se está moviendo.

A eso se suma el trabajo coordinado en materia de protección a mujeres. Veracruzana Protegida ya opera como una política pública de alcance estatal, con cobertura en los 212 municipios y atención permanente. En un estado históricamente complejo, eso no es poca cosa.

Claro que Veracruz no puede cantar victoria absoluta. Sería irresponsable. La seguridad pública siempre debe revisarse con lupa, sin triunfalismos baratos y sin negar los pendientes. Pero tampoco se puede ocultar que hoy existe una coordinación institucional que antes no se veía con la misma claridad.

Y la diferencia está en el método.

Antes, la Fiscalía parecía esperar a que los problemas tocaran la puerta. Hoy, la Fiscalía sale al territorio.

Antes, la procuración de justicia se miraba desde el escritorio. Hoy, se observa en recorridos, jornadas, coordinación operativa y presencia regional.

Antes, la institución parecía encerrada. Hoy, se le ve caminando.

Y en política pública, eso cuenta.

Porque una fiscal que camina no solo manda un mensaje administrativo. Manda un mensaje de autoridad, cercanía y control institucional. Manda la señal de que la justicia no puede quedarse guardada en una oficina mientras la gente enfrenta violencia, miedo o abandono.

Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre está construyendo una narrativa distinta al frente de la Fiscalía: la de una funcionaria de territorio, no de escritorio; una fiscal que aparece donde debe aparecer; una fiscal que entiende que procurar justicia también implica escuchar, coordinar y estar presente.

En Veracruz, donde muchas veces las instituciones llegaron tarde, hoy la presencia territorial empieza a convertirse en una forma de respuesta.

Cuando la justicia camina, el Estado también se mueve.

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