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Tufo político o a baúl
Salvador Muñoz - Los Políticos
2026/08/05 - 12:40
En política hay olores que ofenden y otros que, por conveniencia, nadie percibe. En el caso de Morena, para eso está la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, una especie de servicio de limpieza partidista que decide qué militante ya no combina con el aroma de la Cuarta Transformación y debe ser enviado al cesto de la basura… perdón, al basurero de la historia.
Por ahí han desfilado quienes apoyaron a candidatos de otros partidos, quienes violaron la normatividad interna, quienes se alejaron de los principios del movimiento y quienes terminaron involucrados en escándalos tan apestosos que ni con incienso de Palacio Nacional se podía disimular el tufo… en el peor de los casos, si no les llega la peste, pueden culpar al Covid Político, diciendo que “perdieron el olfato”.
Pero de los casos donde el tufillo pegó, el más representativo y fresco es el de Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad de Tabasco y presunto jefe de La Barredora. Morena le suspendió sus derechos y posteriormente lo expulsó. En cambio, Adán Augusto López Hernández, quien lo nombró secretario de Seguridad cuando gobernaba Tabasco, logró salvar el pellejo político.
Al parecer, en Morena la responsabilidad tiene límites muy precisos: el subordinado apesta, pero quien lo designó simplemente padecía sinusitis.
La dirigencia argumentó que no podía abrir una investigación contra Adán Augusto sin pruebas. Es comprensible: una cosa es nombrar secretario de Seguridad a quien presuntamente dirigía un grupo criminal y otra muy distinta sospechar que el gobernador sabía a quién había colocado al frente de la policía. Tampoco hay que ser malpensados: quizá nunca se presentaron formalmente.
En Veracruz tenemos un caso menos escandaloso, pero políticamente más aromático: el del senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara.
Una militante lo denunció ante la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia por presuntamente haber respaldado a una candidata del Partido del Trabajo en Acajete. Huerta negó el señalamiento y, finalmente, fue exonerado por la instancia partidista. Sin embargo, la denunciante impugnó y el asunto fue enviado al Tribunal Electoral de Veracruz para una nueva revisión.
Manuel sigue en Morena, conserva su escaño y continúa recorriendo Veracruz como si nada. Y hace bien: mientras no exista una resolución en contrario, es senador, morenista y, por lo visto, resistente a cualquier intento de fumigación política.
Su caso, hasta ahora, tiene más tufo a pleito interno que a traición partidista. Huele a ajuste de cuentas, a disputa por el territorio y a esa fragancia tan conocida en los partidos políticos: Eau de Candidature 2030.
Pero mientras el expediente de Manuel va y viene entre comisiones y tribunales, dos diputadas poblanas consiguieron meterse al baúl por cuenta propia.
Nay Salvatori y Grace Palomares se burlaron de los abuelitos al afirmar, entre risas, que “huelen a baúl” y que “ya se están pudriendo”. Después llegaron las disculpas, porque en la política mexicana primero se enciende la cámara, luego se abre la boca y, al final, cuando el incendio ya alcanzó las cortinas, aparece el comunicado redactado por el asesor.
El problema no fue solamente la vulgaridad del comentario, sino el lugar desde donde se hizo.
Morena construyó buena parte de su fuerza política alrededor de los adultos mayores. Ellos fueron los primeros beneficiarios, los primeros convencidos, los primeros defensores y, seamos francos, una de las clientelas electorales más fieles del movimiento.
Además, el fundador y líder moral de Morena pertenece ya, con toda dignidad, al sector que las diputadas enviaron olfativamente al baúl.
Es decir, las señoras no sólo se burlaron de los “viejitos”: terminaron rociando desodorante ambiental sobre una parte fundamental de la base morenista y, de paso, sobre la figura del hombre que creó el movimiento al que pertenecen.
Por eso la dirigencia nacional reaccionó con rapidez y abrió un procedimiento en su contra, proponiendo incluso la suspensión de sus derechos partidistas. No fue necesario investigar demasiado: el video existe, las voces son de ellas y las carcajadas también. No hay testigos de oídas, adversarios infiltrados ni complot conservador. Ellas solitas abrieron el baúl y se metieron.
La pregunta es: ¿quién saldrá primero de Morena: Manuel Huerta o Nay Salvatori y Grace Palomares?
A como marchan las cosas, Manuel tiene mayores posibilidades de permanecer. Su caso ya fue exonerado internamente y ahora depende de una revisión electoral. El de las diputadas, en cambio, tiene imagen, sonido, risas y agravio directo contra uno de los sectores más consentidos del movimiento. Es claro que en Morena el pecado no siempre consiste en violar los principios. A veces consiste en burlarse de quienes votan y eso sí apesta a expulsión y no a “baúl”, como el caso de Manuel.
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