Los amarres listos para el 27...
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Américo
Salvador Muñoz - Los Políticos
2026/06/05 - 11:25
La renuncia de Américo Zúñiga al PRI vino a alborotar el avispero… y vaya que lo hizo, porque apenas se supo de su decisión, de inmediato empezaron a zumbar las hipótesis, los sospechosismos, los cálculos y hasta los buenos deseos disfrazados de análisis.
1 Que si Américo se acerca al PAN.
2 Que si Pepe Yunes también renuncia.
3 Que si se va a Movimiento Ciudadano.
4 Que si buscará de nuevo la diputación federal.
¡Ah, la política veracruzana! Donde nadie se cambia de camiseta, nomás “reflexiona su ruta pública”… y de repente ya trae tenis naranjas, chaleco azul o morral ciudadano.
La decisión de Américo, al menos en el discurso, parece fundamentarse en que el otrora partidazo “ya no representa plenamente el rumbo con el que hoy me identifico”. Y por eso prefiere dar un paso de costado “cuando quienes conducen las instituciones comienzan a llevarlas por caminos distintos a aquéllos en los que muchos creímos y trabajamos durante años”... cuando estaban en el poder.
Traducción libre, sin subtítulos del INE: el PRI ya no es el PRI que conoció Américo… Entonces, ya con este escenario, vamos por puntos.
Punto 1: desde la visión del consejero estatal del PAN, Pepe Cortés, no habría acceso para Américo en Acción Nacional. Y no deja de ser curioso, porque Américo ya compitió con los azules en la pasada contienda, donde existe la certeza entre algunos panistas de que si obtuvo los votos que obtuvo, fue más por el PAN que por el PRI.
Es decir, según esa lectura, Américo puso la cara, pero el PAN puso la estructura… o lo que quedaba de estructura, porque tampoco es como que los azules anden sobrados como para presumir gimnasio electoral.
Punto 2: personas cercanas a Pepe Yunes me aseguran que el peroteño está lejos de renunciar al PRI, aun cuando muchos pensaron que la salida de Américo era la punta de lanza de Pepe, como para irle midiendo el agua a los tamales.
Y no era una idea descabellada. En el PRI, cuando alguien importante se mueve, todos voltean a ver si Pepe también mueve una ceja porque en ese partido ya casi no quedan figuras con peso propio; quedan siglas, recuerdos, oficinas, algunas fotos amarillentas y la eterna esperanza de que alguien les vuelva a inflar el globo antes de que termine de desinflarse.
Pero por ahora, según los cercanos, Pepe no se va. Sigue ahí. Firme. O al menos lo suficientemente firme como para que no lo anden velando políticamente antes de tiempo.
Punto 3: de entrada, acá entre nos, alguien de Movimiento Ciudadano me hizo saber su agrado de tener a Américo en el partido naranja con un muy claro “Bienvenido”.
Así, sin tanto rodeo, sin misa de cuerpo presente tricolor y sin necesidad de quemar incienso democrático.
Con esa “bienvenida” que desde el naranja me mandaron sobre la decisión de Américo, parece que sí: todo indica que habrá de reunirse con su compadre, el Taquero Román Moreno. Y si eso ocurre, entonces podría suponerse que Movimiento Ciudadano tendría armado su trío para contender por las curules: Luis Carbonell, Román Moreno y Américo Zúñiga.
Nada mal para un partido que, en Veracruz, a ratos parece franquicia política; a ratos, fonda electoral; y a ratos, sala de espera para quienes ya no caben donde antes cabían.
Punto cuatro: el asunto aquí es saber quién de éstos podría funcionar como candidato ancla, es decir, el que jale votos para los otros dos. Porque una cosa es salir bonito en la foto y otra muy distinta es cargar la campaña como santo en procesión.
Ese candidato ancla tendría que ser, en teoría, quien vaya por la diputación federal, pensando en que sus recorridos abarcarían toda Xalapa. En pocas palabras: el que camine más, arrastre más y aguante más saludos fingidos, cafés recalentados, promesas recicladas y selfies con cara de “ésta sí la ganamos”.
Si los ponemos por votos, uno pensaría que tendría que ser Américo quien buscara ser inquilino en San Lázaro, tanto por su experiencia en estos avatares electorales como por los más de 107 mil votos que obtuvo en el 2024.
El asunto estaría en lo local… no vaya a ser que Román y Carbonell resulten vecinos en el Distrito X y entonces la repartición del pastel naranja termine con más codazos que abrazo ciudadano.
Porque una cosa es el discurso de “vamos juntos” y otra cuando preguntan: “¿Y quién va arriba en la boleta?”. Ahí se acaba el compañerismo, se enfría el café y empiezan los números con calculadora prestada.
En fin…
La renuncia de Américo podría ser el mejor ejemplo de un fenómeno que tiene años rebasando a las instituciones políticas: el personaje por encima del partido.
Lo vivimos con los Yunes en el PAN. Lo vivimos en el PRI cuando el gobernador era quien mandaba en el partido, y lo vemos ahora en Morena, donde el partido dice mucho, pero la voluntad del poder dice más.
Américo, con su renuncia, para muchos representa eso: un proyecto personal que rebasa al partido. Un político que entiende que las siglas ya no garantizan destino y que, en tiempos de naufragio, más vale buscar lancha que quedarse defendiendo el Titanic con credencial de militante.
Por supuesto, esto lo decimos a un año de las elecciones. Lo contrario, el tiempo nos lo dirá.
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