¿Renuncia o renunciado?
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Alcoholismo en la juventud mexicana: un problema urgente de salud pública
Se ha convertido en un foco rojo.
Xalapa, Ver - / José David Pérez Vázquez
Xalapa, Ver | 2025/06/23 - 10:31
José David Pérez Vázquez.-El consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes ha dejado de ser un tema culturalmente tolerado para convertirse en un foco rojo de salud pública en México. En una etapa crítica del desarrollo físico, emocional y social, la exposición temprana al alcohol conlleva riesgos significativos que muchas veces se subestiman. Hablar del tema con seriedad, respaldo científico y enfoque preventivo es más urgente que nunca.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT 2022), el 34.6% de los adolescentes entre 10 y 19 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida, y cerca del 10.4% declaró haber ingerido grandes cantidades en una sola ocasión durante el último mes. Estas cifras no sólo reflejan un inicio temprano en el consumo, sino también patrones de riesgo que pueden derivar en adicción, accidentes, violencia o problemas escolares y familiares.
A nivel neurobiológico, el alcohol interfiere con el desarrollo del cerebro adolescente, particularmente en regiones clave como la corteza prefrontal, que regula el juicio, la toma de decisiones y el control de impulsos. Diversas investigaciones señalan que el consumo en esta etapa puede dejar secuelas duraderas en la salud mental, aumentando la vulnerabilidad a trastornos como depresión, ansiedad y dependencia.
Pese a la existencia de leyes que prohíben la venta de alcohol a menores, el acceso a esta sustancia sigue siendo un desafío debido a diversos factores sociales y culturales que facilitan su consumo temprano. Por ello, la prevención requiere ir más allá de la regulación, incorporando estrategias integrales que involucren a la familia, la escuela, el entorno digital y las políticas públicas.
Es necesario repensar el papel que juegan la familia, la escuela, el entorno digital y las políticas públicas. Fomentar espacios recreativos libres de sustancias, promover la salud emocional desde edades tempranas y capacitar a docentes y profesionales para identificar señales de alerta son estrategias clave. Prevenir el alcoholismo juvenil no significa criminalizar al joven, sino crear entornos seguros donde se pueda crecer sin recurrir a conductas de riesgo.
Hablar de alcoholismo en la juventud no es una exageración. Es asumir con responsabilidad el compromiso de cuidar la salud mental y física de una generación que merece oportunidades, no obstáculos. La prevención comienza con información veraz, con diálogo y con políticas públicas centradas en el bienestar.
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