El peje, no es tan peje

 

Agustín Contreras Stein.

 

LO DECLARADO recientemente por el candidato de Morena, a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, podría considerarse como una lección más de política, al llamado chico maravilla de la coalición PAN-PRD-MC, luego de reconocer que el Presidente de la República, tiene palabra al ofrecer no meterse, para nada, en las cuestiones electorales del país y que eso merece un reconocimiento que podría quedar en la historia política del país, si se concreta exactamente en los términos que ha manejado el mismo mandatario nacional.

 

El Peje, no es tan Peje, como para meterse entre las patas de los caballos y prefiere llevársela tranquilamente hasta en tanto, seguramente, no tenga el poder que ahora tiene el Presidente Enrique Peña Nieto.

 

El mensaje, sin querer, deberá estar repitiéndose en los oídos de Ricardo Anaya, donde el Peje, le hace saber que la prudencia es una virtud que debe aquilatarse en toda su dimensión, pues si se va un poco más allá, también tendrá que ser inteligente en este proceso electoral que se esta viviendo y donde lo primero que se debe observar para atacar al contrincante, es ver en que espacio se mueve y como actúa, si tiene poder o no, y en todo caso, saber que armas se utilizaran para denostar al adversario.

 

El famoso Peje, tiene muy retorcido el colmillo político y sabe por donde hacer daño político, por lo que no es tan tonto para aventarse al vacío sin tener alas para volar y salvarse, en todo caso, de los vientos encontrados a su paso.

 

Y esto, en cierta forma, fue lo que no tomó en cuenta Ricardo Anaya, muy a pesar de que a su lado tiene a expertos en materia política que le indican los pasos a seguir, aunque todo parece ser que también a los que tiene a su lado, tampoco conocen el significado de la palabra prudencia ante un escenario muy complicado y donde se juega con todas las estrategias posibles para avanzar hacia la jornada electoral del primero de julio.

 

El Peje, se cuida y hasta es capaz de reconocer al propio Presidente de la República, como lo hace ahora, por todo lo que pueda hacer a favor de las elecciones venideras, aunque sepa que al final de cuentas, en esta lucha política todo se vale.

 

Pero el Peje, aún cuando gusta de llamar mafia del poder a todo aquello que no le gusta, sabe echar marcha atrás en el momento indicado y este juego le ha permitido permanecer casi toda su vida en la vida política del país, siempre con la esperanza de alcanzar, alguna vez, la Presidencia de la República, aunque le digan a diestra y siniestra que representa un verdadero peligro para México.

 

López Obrador, es el que menos ha sido tocado en estos tiempos políticos con alguno de sus pecadillos y vaya que debe tenerlos de a montón, pues no se explica de otra manera que hasta la fecha siga empeñado en lograr su cometido de alcanzar la Presidencia de la República, aún cuando en gran parte de su vida no haya trabajado para ganarse el pan de cada día.

 

En la lucha escenificada por Ricardo Anaya, y el poder público, a través de la Procuraduría General de la República, el Peje, es el personaje político que más ha ganado, porque todo este pleito, seguramente que le conviene, lo que hace reconocer al Presidente, cuando declara que no habrá de inmiscuirse en el proceso electoral, pidiendo casi, que sí lo haga, pues de eso vive políticamente, es decir, de los encuentros y desencuentros de sus enemigos políticos para tomar la delantera, que por cierto, se dice que todavía tiene, con rumbo a la sucesión presidencial.

 

De ahí que Anaya, lo que ha evidenciado en su precampaña, es una falta absoluta del conocimiento del arte político, al querer abrirse paso, denostando al Partido Revolucionario Institucional, al propio poder político de la nación y a los personajes que en este momento, cuentan con el respaldo del Estado.

 

No era por ahí el camino, pues antes, como ya lo hemos publicado, estaba de por medio una especie de estrategia política que podría unir a los dos partidos proyectos políticos, el de Meade y Anaya, en contra de quien siempre ha parecido el contrincante a vencer, es decir, López Obrador, pero Anaya, no lo entendió de esta manera y optó por dedicarse al ataque frontal, directo, permanente, en contra del PRI y consecuentemente del gobierno federal, donde las cosas, como sin querer lo hace saber el Peje, hay que actuar con toda prudencia, antes que enredarse, como ya lo hemos señalado, entre las patas de los caballos.

 

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DICE EL DICHO QUE A CADA santo, le llega su día y esto podría estarle pasando al Auditor General del ORFIS, Lorenzo Antonio Portilla Vázquez, aunque, en este caso, no sería, precisamente, porque haya hecho cosas malas, sino porque, de alguna manera, estando tan cobijado, lo hayan puesto, de la noche a la mañana, en una especie de involucramiento que a estas fechas no se sabe si es cierto o no, aunque para eso, las investigaciones correspondientes arrojaran los resultados y se determinará si es culpable o inocente.

 

La cuestión esta en que siendo, precisamente, el ORFIS, un centro de alta vulnerabilidad, para cualquier persona que se ponga al frente, no se haya dicho nada desde hace tiempo y sea ahora, generado por algunos malestares de afuera y hacia dentro, de la propia administración estatal,  que se haya decidido hacerle las cosquillas para que deje, propiamente, el puesto que tiene y el cual ha defendido de diversas maneras.

 

Portilla Vázquez, esta siendo señalado de haber recibido veinte millones de pesos para quedarse callado en el caso de algunas tropelías de la pasada administración, lo que, sin duda, es una cantidad no bien calculada para el caso de que en verdad, el Auditor haya accedido a prestarse a estos enjuagues, pues considerando las grandes cantidades que fueron desviadas y que la misma cuenta pública, presentada por el ORFIS, ha denunciado, seguramente que no le hubieran ofrecido veinte millones, sino más, pues estos servicios, de alguna forma, estarían altamente cotizados.

 

Aparte, de las inconsistencias de los recibos firmados, supuestamente, por el Auditor General del ORFIS, la cantidad, según se comenta, no correspondería a veinte millones, por lo que desde este punto de vista, habría que analizar con más profundidad el caso.

 

Portilla Vázquez, pudo haber cometido errores, pero seguramente que no son de este tamaño, aunque lo más probable es que se haya instrumentado esta campaña en su contra, por saber más de lo que cualquier veracruzano, se imagina respecto al cochinero administrativo del pasado gobierno.

 

Portilla Vázquez, sabe demasiado y esto no lo duda nadie, por el simple hecho de haber pasado por sus manos, todo lo hecho y lo deshecho de la pasada administración.

 

El asunto, de todos modos, tiene cola.

 

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LAS ELECCIONES SIEMPRE han sido motivo de diversas controversias, ya sea en el momento mismo del proceso electoral, como en las acciones de los grupos que tienen interés en modificar, de última hora los resultados o bien en el actuar del poder que tiene todo a su favor para inclinar la balanza por donde quieran.

 

Este ha sido el problema, no de México, solamente, sino de todos los países del mundo donde se realizan estas elecciones, supuestamente democráticas, porque a la fecha no se ha encontrado un mecanismo que evite la intervención de la mano negra para modificar los resultados electorales.

 

A estas alturas del desarrollo nacional, tanto de México, como del mundo, no hay estrategias de los órganos electorales, para evitar los rellenos de votos en las urnas. Mal andamos, todavía, en nuestros tiempos.

 

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Y MAÑANA, aquí nos encontraremos, si otra cosa no sucede.

 

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