Crónicas urgentes


De Veracruz vengo
Claudia Constantino

Valencia, España.-  De donde vengo, a los niños nos enseñan a despreciar todo lo español; a ver, en los españoles de hoy, a los sanguinarios conquistadores que hace más de quinientos años llegaron a nuestras tierras. Nos enseñan a ignorar nuestro sincretismo religioso y la vasta influencia que dejó el pueblo español en nuestras costumbres más entrañables.
Desde mis recuerdos más remotos, veo al abuelo materno enorgullecerse de su origen indígena, presumiendo la pureza de su linaje y negando toda mezcla con la sangre española, lo que seguramente era mentira; para justificarlo, explicaba que donde él había nacido era un sitio tan escarpado, en las faldas del pico de Orizaba, que hasta ahí no habían llegado las huestes del conquistador.
En la primaria, aprendí la historia oficial, propagada por los gobiernos priístas, plagada de imprecisiones, omisiones y manipulación. Aprendí a disfrutar de la comida, la bebida, la música, el arte y las tradiciones cuyo origen era español, sin saberlo. Nadie me lo advertía.
De “la Madre Patria” sabía mucho sin saberlo, porque en cada festividad del calendario nacional, en cada fiesta patronal, en cada mexicana tradición, se encontraba inserta alguna aportación ibérica.
Cuando llegué a España por primera vez, todo me resultaba familiar: la arquitectura, las iglesias, el urbanismo, parte de la comida y la música. El centro de la Ciudad de México o de Puebla, Morelia, Guanajuato o Zacatecas eran una réplica a escala del centro de Sevilla, Valencia o Granada, no sólo de la capital española.
Ahí noté cómo a los mexicanos nos extirpan de cuajo una buena parte de nuestra esencia,  en aras de un nacionalismo mal entendido, inoperante cuando llegamos a la edad adulta. Con la pésima reputación de la que hoy gozan los gobiernos de México, ya poco nos importa lo que nos dicen. Como sociedad, los mexicanos nos las hemos ingeniado para hacer nuestra propia selección de motivos de orgullo nacional.
Las convenciones por estos días bordean la historia oficial y abrazan a unos cuantos próceres de ayer y de hoy, como Villa, Zapata o el EZLN; a gran cantidad de cantantes y compositores populares, desde José Alfredo hasta Juan Gabriel, pasando por Manzanero y Lila Downs. La poesía y la literatura nos han dado como nación innumerables motivos de orgullo.  En la historia reciente, el ingenio mexicano ha hecho buen número de aportaciones científicas e inventos reconocidos mundialmente.
No pocos miembros de la clase política mexicana toman ejemplo del modelo español de hacer política, y la mexicanizan. No pocos escritores mexicanos buscan el mercado español como catapulta que los ponga en la palestra del mercado editorial global. No pocos de nosotros venimos a España en busca de oportunidades de vida. No poca historia nos une, desde hace más de quinientos años, y hasta hoy.
Analizo la crisis española y no encuentro mucha similitud con la mexicana. Unos y otros tenemos problemas serios, pero la participación ciudadana en todos los rubros de la política y las causas sociales, es mucho mayor acá. Eso los pone varios pasos adelante de nosotros.  Lo que aquí llaman corrupción, en México sería un juego de niños.
Hoy ya no nos parecemos tanto. Quizá por dentro jamás hemos sido tan parecidos. Imposible, si es una madre, patria, que nos fue arrancada de la conciencia para dejarnos solos con lo peor de un paternalismo que nos volvió bastante inútiles.
En Veracruz, las calles están tomadas por los políticos: son los alcaldes priistas. Antes fueron los alcaldes afines al gobernador electo, ayudándole a presionar al gobierno federal para que acepte hacer un rescate financiero. Son los grupos políticos de este o aquel bando. Los trabajadores a quienes no les pagan, son los menos.  A diferencia de Veracruz, aquí protesta la sociedad, no los políticos, para presionar a los gobiernos. Nos resultan odiosas las comparaciones, y peor cuando salimos perdiendo, pero hoy se hace necesario entender de dónde venimos, dónde estamos y para dónde podemos seguir. Todos. Y no seguir dejando todo a manos de una clase política que ya demostró a donde nos puede llevar.

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