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Satanasio!

Salvador Muñoz - Los Políticos

2026/04/29 - 12:25

En qué brete mete Tatanacho a Morena de Veracruz con sus palabras…

Porque una cosa es que la oposición cuestione, critique, señale, truene los dedos o saque pancartas; eso, en Palacio, lo pueden meter en el cajón de “los conservadores”, “los adversarios”, “los de antes”, “los que no quieren la transformación” y demás frases de manual mañanero.

Pero otra cosa muy distinta es que salga Atanasio García Durán, padre del exgobernador Cuitláhuac García Jiménez, y le ponga jiribilla al asunto desde adentro de la propia casa morenista. Y ahí ya no estamos ante una crítica azul, roja o naranja. Estamos ante un ruido guinda. Y cuando el ruido viene de adentro, no se arregla con boletín, ni con selfie, ni con slogan.

Porque eso fue precisamente parte del mensaje: que a Veracruz no le basta un slogan para mejorar susNahle!, parecía gritar Atanasio quien no sólo salió a defender a su hijo Cuitláhuac. También exigió que se pruebe que fue el peor gobernador que ha tenido Veracruz. Y ahí está otro punto fino: la etiqueta del “peor gobernador” no nació ayer. En noviembre de 2024, durante la última comparecencia de Cuitláhuac ante el Congreso local, legisladores de oposición lo confrontaron duramente; incluso le entregaron un reconocimiento simbólico como “el peor gobernador de la historia”.  

El problema para Morena es que ahora la defensa del cuitlahuismo no viene desde el Congreso ni desde la oposición: viene del padre del exgobernador. Y no sólo defiende al hijo; de paso, exhibe que hay un sector morenista que no está cómodo con la nueva conducción del estado.

¿Estamos en la antesala de una “gu condiciones; que hace falta visión, conocimiento del estado y, de paso, no perder de vista que Veracruz no se gobierna desde una frase bonita ni desde una lona bien impresa. ¡Me estás oyendo, erra civil” en Morena Veracruz?

Puede sonar exagerado… pero en Morena los pleitos internos suelen empezar como “diferencias normales”, luego pasan a “comentarios sacados de contexto”, después a “campañas de desprestigio” y terminan con todos diciendo que hay unidad mientras se pisan debajo de la mesa.

El asunto se pondría más sabroso si alguien le pregunta a Manuel Huerta Ladrón de Guevara qué opina de las palabras del Maestro García Durán. Porque Huerta, que trae kilometraje político, estructura propia y lengua sin freno de mano, bien podría no sólo darle la razón a Tatanacho, sino agregarle de su cosecha… y con intereses.

Entonces la pregunta no es sólo qué dijo Atanasio. La pregunta es cuántos más piensan lo mismo y nomás estaban esperando que alguien rompiera el silencio.

Porque hay morenos que, aunque sonrían en los eventos, no necesariamente están encantados con el nahleísmo. Hay quienes vienen del obradorismo de territorio, otros del cuitlahuismo, otros del huertismo, otros del oportunismo –ése nunca falta, es como el cilantro en la política veracruzana– y otros que apenas están viendo dónde se acomoda mejor la silla.

Y ahí es donde el comentario del padre de Cuitláhuac pega más fuerte: no sólo critica la falta de visión; también toca el nervio del origen, la pertenencia, el conocimiento de Veracruz. En pocas palabras: vuelve a poner sobre la mesa aquello que sus adversarios le han querido cobrar a Nahle desde campaña: que no nació en Veracruz.

Lo curioso es que ese argumento, usado tantas veces por la oposición, ahora aparece respirando dentro de Morena.

Bonito incendio para apagar con cubeta de discurso.

¿Cómo responderá Rocío Nahle?

Tiene varias rutas.

La primera: ignorar. Hacer como que no oyó. Sonreír, seguir agenda, cortar listones, hablar de obra pública, repetir que Veracruz va bien y dejar que el comentario se enfríe solo. El riesgo es que el silencio parezca acuse de recibo.

La segunda: contestar fuerte. Recordar que ella ganó, que tiene legitimidad, que está gobernando y que no se va a distraer con declaraciones. El problema es que si responde con rudeza al padre de Cuitláhuac, puede convertir un comentario incómodo en pleito abierto entre dos familias políticas de Morena.

La tercera: mandar a alguien a responder. Un diputado, un dirigente, un funcionario con ganas de hacer méritos, un columnista. De ésos que salen a defender con tanto entusiasmo que terminan echando más gasolina que agua. Porque en Morena Veracruz sobran bomberos pirómanos.

La cuarta, quizá la más fina: operar en silencio. Buscar al cuitlahuismo, contener al huertismo, revisar quién se está moviendo, quién está molesto, quién se siente desplazado y quién ya anda midiendo el 2027 o el 2030. Porque este pleito no es sólo por una frase; es por el control político de Veracruz.

Y ahí está el punto: Atanasio no habló como padre nada más. Habló como síntoma.

Síntoma de que el relevo entre Cuitláhuac y Nahle no fue necesariamente terso en las bases. Síntoma de que algunos no quieren que el sexenio anterior sea tratado como “cacharro”, “lastre” o expediente incómodo. Síntoma de que hay quienes sienten que la nueva administración quiere tomar distancia de Cuitláhuac sin decirlo de frente.

Porque si el padre sale a defender al hijo, es porque algo olió.

Tampoco hay que perder de vista algo: en Morena, los adversarios internos se vuelven demonios con una facilidad admirable. Hoy puede ser Atanasio; mañana, si se les pasa la mano, será “Satanasio”.

Por eso este episodio no es menor.

No estamos ante una crítica cualquiera. Estamos ante el padre del antecesor de Nahle diciéndole, en los hechos, que Veracruz requiere más que propaganda; y de paso, defendiendo el legado de su hijo en un momento en que muchos dentro de Morena parecen más interesados en pasar la página que en cargar el libro completo.

La duda es si esto quedará como una declaración incómoda de sobremesa o si será el primer jalón visible de una madeja política más enredada.

Porque Morena Veracruz tiene varias tribus, varios agravios, varios proyectos y varios suspirantes. Lo único que no tiene, por ahora, es una forma elegante de esconder que el frente a frente ya empezó.

Y como en toda familia política, el pleito no se arma cuando se gritan. El pleito se arma cuando alguien dice en voz alta lo que varios venían murmurando en corto.

Atanasio ya lo dijo.

Ahora falta ver si Nahle responde con tejido fino… o si acaba esto en madeja.

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